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Luis Alejandro Borrero || [email protected]

El cinismo asombra. La comparecencia de Hidrocentro en la interpelación de las comisiones de Administración y Servicios, y de Ambiente de la Asamblea Nacional (AN) estuvo llena de mentiras. La compañía hidrológica responsable de la gestión de agua en Aragua, Carabobo y Cojedes no atendió las inquietudes de los parlamentarios ni las de habitantes afectados por la mala calidad del agua, argumentó Jacquelín Rodríguez, ingeniera química, ambientalista y asesora del Colegio de Ingenieros de Venezuela. 

El agua, para ser potable, debe cumplir con 56 parámetros físico químicos. Pero hay condiciones que no necesitan microscopio: las propiedades organolépticas (color, olor, sabor) del agua son perceptibles por cualquiera. “Sabemos que el agua a nuestros hogares llega con mucho color, un olor pestilente y un sabor que dista mucho de ser potable”. 

Luigina Cercio, presidenta de la estatal, garantizó que el agua es potable y que la hidrológica presenta informes mensuales. Pero la propia página web de la empresa muestra cómo el aluminio, un componente contemplado en las “Normas Sanitarias de la Calidad del Agua Potable”, promedió 300% por encima de la norma durante 2015. “Mientras dicen que el agua es potable, sus cifras oficiales lo desmienten”. 

Hidrocentro argumenta que en 2010 se conformó una comisión de varias instituciones para estudiar la calidad del agua. Las denuncias no tienen sustento, argumentó la funcionaria. Cercio mencionó que la Universidad de Carabobo participó en la comisión, pero Rodríguez recordó que es falso: la casa de estudios rehusó participar en los estudios. “Tampoco participaron ONG y ambientalistas en esa comisión”. 

En el informe de la Contraloría General de la República que surgió de los estudios de la comisión múltiple, el Ministerio de Ambiente reconoció que había parámetros irregulares en el agua. Había aluminio y presencia de valores de cloacas, como Demanda Bioquímica de Oxígeno (DBO) y Demanda Química de Oxígeno (DQO) en la red de tuberías. En las recomendaciones, Hidrocentro debía hacer las obras pendientes. 

Los efectos de la calidad del agua en la salud no son concluyentes, dijo la estatal durante la comparecencia. Para Rodríguez es otra mentira: la red de sociedades científicas de Venezuela y otros organismos han mostrado su preocupación a partir de 2010. La Fundación Instituto Carabobeño de Salud (Insalud) informó que la cifra de diarreas entre 2007, 2008 y 2009 promediaba ocho mil casos por año. Pero en 2010, apenas en el primer trimestre, la cifra era cercana a los 10 mil casos, dijo Rodríguez. “El cloro no mata parásitos”, explicó sobre los menguados procesos de potabilización en las plantas Alejo Zuloaga y Lucio Baldó Soulés. La Sociedad Venezolana de Infectología dijo que el 50% de las diarreas de Carabobo tenía que ver con el consumo de agua, recordó la ingeniera. 

La Planta de Tratamiento de Aguas Residuales La Mariposa, que depura las cloacas de Valencia, Naguanagua y Libertador, sí está totalmente paralizada. Hidrocentro debe responder por los recursos asignados a través de la Corporación Andina de Fomento (CAF), Banco Mundial y propio Gobierno para rehabilitar las instalaciones, nunca ejecutados. 




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