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Estas aves figuran como guardianes de un tesoro cultural. (Foto EFE)

EFE

Las cuevas del norte de Perú, donde el espeleólogo español Cecilio López Tercero estuvo doce días herido, contienen entierros de la cultura preinca de los Chachapoyas, y también peces ciegos y aves cavernícolas endémicas de Sudamérica, contaron a Efe sus exploradores.

El grupo Espeleokandil, donde colabora López Tercero, investiga desde 2003 las cuevas de Leymebamba, en la región selvática de Amazonas, un área de difícil acceso, cuyos ríos subterráneos y cavidades fueron santuario funerario de los Chachapoyas, que habitaron el norte de Perú entre los años 800 y 1470.

En la cueva Intimachay (Cueva del Sol, en quechua), donde Cecilio López quedó herido a 400 metros de profundidad, se hallaron fragmentos cerámicos y restos funerarios, en su mayoría de niños, lo que llamó la atención de los exploradores, comentó a Efe el espeleólogo Javier Farje, propietario del fundo de la cueva.

Los restos arqueológicos recuperados se trasladan al museo de Leymebamba, gestionado por el Centro Mallqui, cuya investigadora, Sonia Guillén, explicó a Efe que la cueva de Intimachay es una de las más difíciles de investigar y que los expertos no terminan de cartografiarla.

“Hemos pasado muchas horas intentando comprender lo que hay en las cuevas. Son trabajos difíciles y no creo que hayamos tocado la punta del iceberg” de lo que se conoce sobre los chachapoyas, anunció.

La investigadora lamentó que la conservación de los restos arqueológicos sea “desastrosa” por la alta humedad del interior de las cavidades y por la acción de los huaqueros (saqueadores).

Como ejemplo puso el hallazgo en la cueva de San Carlos de los antecedentes de los famosos sarcófagos de los Chachapoyas, figuras cónicas de cabeza prominente ubicadas en resquicios de paredes de roca y que, en su interior, albergan las momias de personajes nobles.

“Sin embargo, cuando regresamos con los conservadores, las evidencias habían sido destruidas”, reveló Guillén, cuya institución alberga las momias halladas en la Laguna de los Condores.

Entre los vestigios arqueológicos de las cuevas también hay formas de vida que llaman la atención de los biólogos, como sucede con un peculiar pez ciego de color blanco que vive en los remansos de agua de los ríos subterráneos.

El pez fue encontrado en la cueva de Baquín por Espeleokandil y en la de Río Seco por el Espeleo Club Andino, al que pertenece el representante para Perú del Instituto francés de Investigación para el Desarrollo (IRD), Jean Loup Guyot, quien indicó a Efe que este pez cavernícola, de unos cinco a ocho centímetros, carece de ojos.

Su aspecto es muy similar a los especímenes marinos que se pueden hallar en las profundidades abisales de los océanos, con bigotes desarrollados para orientarse en el agua dulce.

“Un colega del IRD que estudia peces amazónicos los ha visto, y según él, es una variación de una especie que ha estudiado en Bolivia, pero falta investigar con más detalle”, advirtió.

Más al norte, y en una altitud más baja, de entre 1.000 y 2.000 metros, las cuevas aledañas al río Marañón albergan al guácharo (Steatornis caripensis), un ave cavernícola, endémica de Sudamérica, que fue descubierta por el explorador alemán Alexander von Humboldt en las cuevas de Caripé, en Venezuela.

Al contrario que los peces, los guácharos poseen ojos para ver sin casi luz, y su plumaje es de color marrón, muy similar al de las rocas donde se refugia y camufla.

Estas aves figuran como guardianes de un tesoro cultural cuya amplitud y extensión aún se desconoce por la cantidad, profundidad y complejidad de las grutas donde permanece desde hace siglos.




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