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Luis Alejandro Borrero ||  lborrero@el-caraobobeno.com

 Se
detiene la gandola sobre la línea fronteriza. De un lado el cargamento de
gasolina es  equivalente a siete dólares, pero del opuesto, se calcula en
20 mil. “Y se podrán instaurar 20 estados de excepción, pero siempre el
contrabando encontrará la manera”, analiza Roberto Briceño León, sociólogo y
director del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV). 

El
delito en Venezuela es aupado por políticas públicas erradas.
“Lo que se logra
es favorecer la creación de mercados ilegales”. Según el  más reciente libro
de Briceño León, que realizó en coautoría con Alberto Camardiel, siete de cada
10 venezolanos comparten esa opinión: mientras más controles estatales, más
corrupción y delitos. 

Se
desaparecen las leyes cuando se instaura el delito organizado. Es un desafío
para cualquier democracia, de acuerdo con ocho de cada 10 venezolanos. “Se
vincula siempre con las autoridades, en algunos casos se les amenaza, compra, o
ambas”.
Tal como ocurre en la frontera con la extorsión de efectivos de la
Guardia Nacional Bolivariana. 

El nivel
de quebrantamiento de las instituciones genera profunda desconfianza. El 80% de
los venezolanos no confía en la denuncia ante organismos.
Eso fortalece las
bandas que desmenuzan el sistema, explica León, sociólogo y doctor en ciencias políticas. 

En la
Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (Filuc) ambos
expusieron su obra: “Delito organizado, mercados ilegales y democracia”.
El
trabajo de campo fue realizado en 600 hogares a escala nacional. Participaron
13 investigadores, apuntó Briceño. 

Crecimiento Exponencial

Una
banda va hasta una carnicería y la roba. Se lleva todo lo que haya en caja en
ese momento. Pero una mafia es la que va hasta el comercio y le cobra al
encargado por no robarle: una vacuna.
A ese nivel de crimen organizado ha
llegado Venezuela, agregó León. 

Para
2006 había una tasa de 49,6 homicidios por cada cien mil habitantes.
Tres años
después ascendió a 75, con más de 20 mil hogares encuestados, precisó
Camardiel.  “Suponemos que en la actualidad las cifras oficiales son mucho
peor”.  

Para
Alberto Camardiel es un reto ejercer la estadística sumergido en el
oscurantismo de cifras oficiales. “Medir el delito organizado no es lo mismo
que medir percepciones. “Este tipo se oculta, porque hay intereses”. Opinó que
conductas como no salir o estudiar de noche forman parte de esa percepción, que
deforma la conducta del ciudadano por el miedo.  

Existe
esperanza, coinciden los autores. Si en ciudades como Medellín se logró bajar
el índice, en Venezuela también se puede.
Todo dependerá de la capacidad del
Estado de virar y comenzar a tomar medidas acertadas. 

 




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