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(Foto Archivo)

EFE

Con la mitad de su gobierno en contra de sus políticas y los palestinos decididos a exigir el fin de la ocupación y el reconocimiento de su Estado en el Consejo de Seguridad de la ONU, el primer ministro israelí, Benjamin Natanyahu, parece dispuesto a resistir enrocado en el asunto de Jerusalén.

La ciudad santa es codiciada por israelíes y palestinos y desde que las negociaciones de paz comenzaron hace mas de dos décadas, los segundos reclaman que la parte oriental, anexionada por Israel durante la Guerra de los seis días de 1967, se convierta en la capital del futuro Estado Palestino.

Una anexión que la comunidad internacional, con Estados Unidos y la Unión Europea a la cabeza, no reconoce y que supone una de las claves para el éxito o el fracaso de la solución de los dos estados, con las fronteras de 1967, que defienden tanto en Washington como en Bruselas.

Reprendido desde ambas capitales por la decisión de autorizar la construcción de más viviendas para judíos en los barrios árabes reclamados por los palestinos, Netanyahu indicó esta semana que la ciudad no es negociable.

El jefe del Ejecutivo israelí señaló que las críticas de EEUU están “alejadas de la realidad” y que Israel construye en Jerusalén como el Reino Unido lo hace en Londres o Francia en París, y que esas declaraciones “promueven falsas esperanzas entre los palestinos”.

La actitud de Netanyahu, que autorizó la construcción presionado por la derecha ultranacionalista que le acompaña en la coalición de gobierno y pese al clima de tensión que se vive en los barrios árabes de la ciudad, ha exasperado al presidente de EEUU, Barack Obama, con quien parece mantener una gélida relación que desde hace semanas amenaza tormenta.

En un artículo escrito por el periodista Jeffrey Goldberg y publicado en su último número por la revista “The Atlantic”, un alto cargo estadounidense tachó de “cobarde” al primer ministro israelí y denunció que su único objetivo no va más allá de “mantenerse en el poder”.

Por su parte, la portavoz del departamento de Estado, Jen Psaki, volvió a expresar su preocupación por la decisión de avanzar en la colonización, inquietud que compartieron la UE en general, y países como Alemania y España en particular.

“Hemos visto las declaraciones del primer ministro. Nuestra visión sobre la construcción en Jerusalén Este es clara, continuaremos expresando nuestra posición sobre esta cuestión”, declaró.

Un deterioro de las relaciones internacionales, especialmente con su principal socio, que ha disparado las alertas en gran parte de la sociedad y la política israelí, desde el presidente Reúven Rivlin, a miembros de centroderecha de la coalición de Gobierno, e incluso figuras de opinión vinculadas a la derecha.

Uno de los primeros en levantar la voz fue el ministro de Economía, Yair Lapid, quien la semana pasada admitió sin tapujos que la relación con EEUU atraviesa “un momento de crisis” e instó a Netanyahu a reconducir una alianza que en Israel se considera “vital”.

Más incisivo fue hoy Rivlin, quien también mantiene una difícil relación con el primer ministro, al advertir desde Polonia, donde se encuentra de visita oficial, que “la política exterior de Israel se basa en tres principios”.

“El primero, la relaciones con EEUU; el segundo, las relaciones con EEUU y el tercero y no menos importante, las relaciones con EEUU”, declaró Rivlin desde Varsovia a la radio del Ejército israelí “Galei Tzáhal”.

En la misma línea, el principal líder de la oposición, Isaac Herzog, advirtió que el artículo publicado por The Atlantic “incluye una señal extremadamente peligrosa de que puede desaparecer la red de seguridad diplomática que Israel ha disfrutado con EEUU desde generaciones”.

“No se trata de un juego de niños cuando todos los días el primer ministro golpea con un palo al presidente Obama”, subrayó Herzog.

Pero no solo el artículo de Goldberg ha disparado el nerviosismo en Israel, sino que se han percibido también otras señales cargadas de significado, como el hecho de que el ministro israelí de Defensa, Moshe Yaalon, viajase a EEUU y no fuera recibido por altos cargos, todo lo cual ha extendido una sensación de pérdida.

Una sensación pesimista a la que expertos israelíes suman las señales “poco halagüeñas” que llegan de Europa, donde gobiernos como el sueco ya han anunciado que reconocerán el Estado de Palestina, y parlamentos como el británico y el irlandés han votado a favor de lo mismo.

“La decisión de los palestinos de acudir en noviembre con su plan de reconocimiento a la ONU ha puesto a todos en Israel muy nerviosos y eso se refleja ahora en Jerusalén”, escenario de protestas y creciente tensión desde el pasado verano, reveló a Efe un diplomático europeo que prefirió mantenerse en el anonimato.

En Israel pocos dudan de que EEUU no variará su política y ejercerá su derecho a veto, pero quienes lo hacen advierten de que en la Casa Blanca ya hay quien apuesta por no presionar al resto del Consejo e incluso por decantarse por la abstención, si la cuerda se sigue tensando.




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