(Foto Cortesía)

El 31 de diciembre en la tarde, Martha Osorio renunció al puesto de trabajo que tenía en una carnicería desde hace 35 años. Decidió irse junto a su familia a vivir a Colombia.

La decisión la tomó, según confesó, cuando vio que medio kilo de carne molida cuesta 120 mil bolívares. Eso la hizo reflexionar, pues piensa que ya no tiene futuro en este país al que llegó cuando tenía 12 años.

Osorio expresó sentirse triste porque prácticamente toda su vida la he hecho en Venezuela, pues aquí se educó, se casó y tuvo a sus dos hijos que ya son profesionales. Pero siente que debe hacer algo para no comenzar a pasar hambre, ya que considera que ese es el destino que le espera si continúa en la patria de Bolívar.

Este miércoles por primera vez estaba frente al consulado de Colombia en la avenida Bolívar, buscando información para comenzar a hacer los trámites para su mudanza.

“Voy a empezar de cero, lo sé, pero en Colombia las cosas no están tan malas como aquí. Yo no me voy a morir de hambre”.

La mujer comentó que su hija no se quiere ir, porque tiene la esperanza de que la situación económica del país  se arregle. Ha tratado de convencerla para que la acompañe, pero no ha podido. Por lo pronto tiene previsto marcharse con su marido y su otro hijo, de manera que cuando la hembra decida irse, ya ella tendrá un hogar donde recibirla.

José Segovia también estaba frente al consulado. Su mujer es colombiana y ya había entrado a hacer las gestiones para el viaje. También decidió marcharse a la hermana república a buscar mejor futuro. Tiene varios hijos en Venezuela, los cuales aspira ayudar económicamente, una vez que se haya establecido en Colombia.

Fabiola Pitre ha visto marcharse a Colombia a varios vecinos, pero ella seguía apostando por la recuperación de Venezuela. Sin embargo el hecho de haber perdido a dos sobrinos en menos de mes y medio a manos del hampa, la hizo cambiar de opinión.

“Aquí hay mucha inseguridad, a lo que ahora se le agrega el problema de los precios de los alimentos. Prefiero irme, mi familia me está esperando”.

Estos son algunos de los testimonios de los cientos de ciudadanos a diario se concentran en los alrededores del consulado de Colombia,  para tratar de contar con los documentos necesarios para viajar.

El equipo de El Carabobeño trató de hablar con algún funcionario del consulado, para obtener información oficial sobre el movimiento migratorio, pero ninguno estaba autorizado para hacerlo. El cónsul estaba ausente.

Según algunos comerciantes cercanos, a esa dependencia llegan ciudadanos desde altas horas de la madrugada, para tratar de ser atendidos con prontitud. Supuestamente allí se concentran a diario unas cien personas, aunque todas no son atendidas.

 




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