Doble homicidio,Pedro Herrera, confusiòn. El Carabobeño
Pasillo en el que se observan las viviendas de la residencia, al fondo esta la puerta que lleva al patio en donde murieron los dos hombres (Foto: Armando Díaz)
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Dos hombres murieron en circunstancias confusas la noche del viernes en el barrio Pedro Herrera de la parroquia Miguel Peña, en Valencia.

En una calle ciega llamada La Victoria, ocurrieron dos muertes que empañaron la fiesta que ahí se celebraba. Los expertos de la delegación Las Acacias del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc) tienen una versión, pero los familiares y vecinos otra.

Los funcionarios del cuerpo policial afirmaron que un enfrentamiento entre un antisocial y un miembro de la Policía de Carabobo había ocurrido en el lugar. Se hablaba de un crimen pasional y los implicados en el hecho eran el funcionario de la Policía de Carabobo, Alberto José Rodríguez, de 36 años, quien fue ingresado a la morgue a las 2:00 a.m. al igual que el supuesto antisocial, de nombreAugusto José Lovera Ostos, de 26 años.

La historia es muy diferente contada desde la visión de la comunidad y de la esposa de Lovera Ostos, una mujer de 24 años, de rostro cansado por el sufrimiento y la indignación. Saida Ovalles Marin es su nombre, tenía 21 años cuando conoció a su marido y hoy sólo le queda el recuerdo y la habitación donde dormían, destrozada luego que los funcionarios allanaran la residencia, que compartían con otras personas en la vecindad. Aunque desde hace algún tiempo dormía en la casa de al frente, porque estaban peleados.

cargaba una escopeta en las manos y disparó dos veces al aire

Maryori Farías, nombre ficticio, es una vecina. Ella vio todo lo que ocurrió. Lovera estaba en la calle con amigos, con unos tragos de más que le hacían perder el equilibrio y la noción del tiempo y el espacio. Cargaba una escopeta en las manos y disparó dos veces al aire.”Era algo que siempre hacía”, pero en esa oportunidad una patrulla transitaba el área y las cosas se salieron de control. El joven de 26 años corrió hacia su hogar para intentar esconderse. Uno de sus amigos, que también estaba, armado lo acompañó,relató Farías.

Farías miraba con cautela por una de las ventanas, con sus hijos resguardados, mientras alrededor de 15 funcionarios entraban a la residencia. “Comenzaron a golpear puertas para intentar abrirlas. Todo era agresión y desorden”.

Ovalles Marin, esposa de Lovera, afirmó que los efectivos cargaron con todo lo que encontraron a su paso, celulares, dinero “En una casa se metieron y sacaron 300 mil bolívares, en otra donde vive una señora mayor, una policía la agarró por los pelos, mientras que a otra vecina, que está embarazada, le gritaron. Pensábamos que iba a parir ahí mismo”

debían ser las 11:45 p.m. Es la hora de muerte que aparece reflejada en el archivo de la morgue y que coincide con los testimonios

Al final del angosto pasillo cubierto por ropa había una puerta de hierro con tres escalones que daban paso a un pequeño jardín, ahí estaban Lovera y su amigo al que no identificaron. El fallecido se bamboleaba de adelante para atrás, silencioso, sus vecinos no se explicaban por qué no gritaba, por qué no pedía ayuda. Se escucharon dos disparos irrumpieron en el silencio de la noche, debían ser las 11:45 p.m. Es la hora de muerte que aparece reflejada en el archivo de la morgue y que coincide con los testimonios.

Los familiares pensaron lo peor luego del estruendo, pero quien salió de aquel cuarto fue uno de los funcionarios, con sangre en la región abdominal, mientras era arrastrado por otro de sus compañeros. A los minutos sacaron a Lovera, vivo, esposado y directo a la camioneta en la cual iba a ser trasladado. Los vecinos continuaban expectantes.

Lo que siguió después los presentes no lo entienden. Lovera salía de la camioneta y era llevado nuevamente al jardín donde había muerto el oficial, Alberto José Rodríguez.

A Augusto Lovera Ostos lo sacaron de la residencia con heridas de bala, relató Farías, directo a la camioneta que minutos antes lo recluyó con vida. La patrulla partía y otro grupo de policías empujaba el vehículo de Lovera, un Chevrolet Monza, el cual Saida Ovalles Marín todavía se pregunta en donde está.

El caso continúa envuelto en confusiones por las tres versiones conocidas. La primera, la del Cicpc, que refiere un enfrentamiento y un supuesto crimen pasional. La segunda, que apunta al amigo de Lovera como presunto asesino del oficial Rodríguez; y la tercera, la del compañero del funcionario a quien supuestamente se le accionó el arma y mató por error a su colega.

 

 




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