Santa Ana Naguanagua gasolina
Naguanagüenses realizan fila frente bomba Santa Ana. Foto: Francis Tineo

Una tortura. Así califican los usuarios de la estación de servicio Santa Ana la espera por surtir unos cuantos litros de gasolina, luego que el resto de los expendios del municipio comenzaran a vender el combustible en dólares.

Son varias las denuncias, que se traducen en impotencia por parte de quienes carecen de los recursos necesarios para pagar el litro de gasolina a 0,50 dólares.

Según los encargados de la estación de servicio Santa Ana, ellos toman los datos de los usuarios con un día de anticipación. La Alcaldía de Naguanagua, tras asumir la coordinación de la bomba, había prohibido la pernocta y las colas de vehículos en las cercanías pues perjudicaban a los vecinos del sector. Según el número de placa, las personas debían llegar el mismo día que les correspondía surtir y, al descargar la gandola, los encargados tomaban sus datos y les asignaban un tíquet.

Después que las estaciones Paramacay y Naguanagua (avenida Bolívar vieja) empezaron a vender gasolina a precios internacionales, la E/S Santa Ana se convirtió en la única opción para quienes no pueden pagar combustible en divisas.

Saturación

“Ahora vienen más personas”, aseguró Juan Figueredo, quien se incorporó a la cola en la madrugada del lunes para surtir su vehículo el martes, con la esperanza de ser uno de los primeros atendidos.

Santa Ana bomba Naguanagua
En sillas plegables y blanquitos esperan los usuarios frente a la E/S Santa Ana. Foto: Francis Tineo

Carmen Arias también conoce la dinámica y teme quedarse por fuera. Por eso sale de su casa antes del amanecer para entrar en la fila. “La cantidad de vehículos que surten siempre varía por la cantidad de litros que despache la gandola. A veces echan a 270 carros y es bastante”.

Pero hay otras experiencias. Pedro Morán llegó a la parada de los autobuses de Trincheras a las 6:00 de la tarde. Iba a ratificar una lista que le permitiría, al día siguiente, surtir gasolina. La espera apenas comenzaba. Después del reconteo se retiró para retornar a la zona a la 1:00 de la mañana.

A partir de ese momento debió cantar su número varias veces hasta asegurar el puesto en la fila para surtir al día siguiente.  Su carro lo había estacionado en otro lugar, porque la alcaldia prohibió la pernocta en la zona. Además, debía estar en silencio porque el ruido molesta a los vecinos de la gasolinera.

Fue la misma expriencia de Miladys Vargas. Las mismas horas, la misma espera. Ella no pudo evitar que se colearan algunos vivos. “Yo reclamé, pero como nadie se movió me quedé tranquila porque estaban detrás de mi.

En la fila habían más de 200 personas, la cifra que habitualmente surten en la estación de servicio si llega la gandola.

En esa espera, mucha gente agota su tiempo. Muchos rezan, otros conversan en voz baja. Pero todos tienen el mismo deseo: Que llegue la gandola, porque sino tendrán que esperar hasta que les vuelva a corresponder por su número de placa. En una semana puede dejar de llegar combustible hasta tres veces, lo que no sucede en las dolarizadas.

Una novedad es que ya no se puede surtir gasolina semanalmente Al menos así lo informó un militar a varias personas que estaban en la cola. A un joven  el uniformado lo retiro de la cola porque ya había surtido la semana anterior.  “Yo soy taxista, vivo de esto, si no puedo poner cuando me toca por el terminal de la placa, cómo llevo el sustento a mi casa?”, se preguntaba Morán.

Ya no es solo que tiene que pasar la noche fuera de su casa, que tiene que rezar para que llegue la gandola y para que el sistema biopago funcione. También tiene que pasar el trago amargo de soportar a un militar autoritario que lo obliga a retirarse de la cola porque surtió la semana anterior.

Y si de abusos se trata, esta semana a la encargada de otorgar los números se le ocurrió que la fila debía hacerse en el campo Don Bosco y no en la propia gasolinera, como es habitual. Muchos tuvieron que correr, algunos perdieron sus puestos, pero nadie podía reclamar porque los sacaban de la cola.

Estas son parte de las humillaciones a las que nos exponemos quienes no podemos pagar gasolina en dólares. “Todo el mundo abusa, el civil y el militar. Si les dan un poco de poder creen que puedan maltratarnos a todos. Esa es uno de los peores daños que esta revolución nos ha hecho a los venezolanos: hemos perdido la sensibilidad y la ética, lamentó María Gutiérrez, quien debió correr un buen trecho, pese a sus más de 60 años, pero tomar el número en el campo Don Bosco.

Vecinos organizados

Para Arias es un alivio que, a pesar de todo el sacrificio que representa conseguir gasolina, los vecinos sean organizados. “Al menos nos conocemos, sabemos quién va delante del otro y no hay peleas”.

Manuel Hernández se sintió  con suerte: en su primera vez haciendo cola en la Santa Ana consiguió ser el número 170 para la jornada del martes. Para él, la organización ciudadana quedó en evidencia. “El problema es que las autoridades en la práctica no promueven el orden, porque no priorizan las necesidades del ciudadano, sino que actúan por sus propios intereses”.

Con información de Francis Tineo




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