Dar más que recibir
Foto: Cortesía

Hace tres años era común ver a muchas personas en las calles alimentándose con mangos. Era parte del sustento de familias enteras que enfrentaban la precariedad máxima de la crisis económica del país que se trasladó a los hospitales, en los que los médicos se desmayaban en plena sala de emergencia por hambre.

Pasó varias veces en la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera (CHET) de Valencia con residentes cuyos salarios les impiden comprar la comida completa del mes. Es una realidad que aún persiste y al menos 70 de ellos se mantienen en los centros de salud gracias a donativos.

La labor que realiza la fundación “Dar más que recibir” es parte de esa ayuda. Tiene un programa llamado “Galenos”, y que nació justo hace tres años, cuando los médicos del hospital más importante de la región central del país comenzaron a vivir entre la necesidad.

Cada día les entregan almuerzos y cenas a 70 residentes de la CHET. Las comidas las hacen en la casa de la tía de un médico que se graduó recientemente y que se beneficiaba del programa. La vivienda está a dos cuadras del centro de salud y es el camillero de turno quien busca los envases con las comidas.

Pero este año no ha sido nada fácil. La escasez de gas ha atentando en contra de esta labor. “Duramos dos semanas parados porque no tenemos gas, habíamos comprado una cocina eléctrica de esas que se consiguen en todas partes y para el número de alimentos que salen a diario no nos duró nada y perdimos el dinero”, relató la presidenta de la fundación, Elizabeth Paredes.

Lograron comprar una cocina mejor, sin embargo, los constantes cortes eléctricos provocan que haya días en los que deban detener sus operaciones. “Hoy no se cocinó porque se fue la luz en toda la zona, los médicos no tuvieron almuerzos, esperamos que llegue y que tengan cena y sea más completa para poder compensar”.

Ayuda paralizada

Dar más que recibir contempla otros programas que se paralizaron cuando se decretó la cuarentena en el país y que se constató la falta de equipos de protección personal del personal médico. Solo mantuvieron operativo “Galenos”, por la gran necesidad de que los residentes siguieran cumpliendo con sus funciones.

La fundación tiene desde hace tres años el programa “Ayúdame a estudiar” con el que becan a 200 niños de preescolar a sexto grado, en condición de necesidad, con útiles y uniformes para evitar la deserción escolar, en  comunidades del occidente y la costa del estado, además del sur de Valencia. Este año solo pudieron entregarle algunos cuadernos, lápices y colores. 

También cuentan con “Nuestros babies”, que se encarga de darles fórmulas lácteas y  pañales a 12 niños cuyas madres murieron durante el parto. Mientras que apoyan con alimentación a abuelitos en estado de desnutrición y van a las comunidades de la entidad a evaluar las necesidades de salud de sus habitantes, con personal médico y el apoyo de otras fundaciones que se encargan de proveer de medicinas.

La mayoría de esos programas son posibles gracias a la ayuda de fundaciones de venezolanos en el exterior. Pero este año han estado signados por las dificultades. “Nuestro mayor problema ha sido la gasolina para ir a comunidades, hacer visitas, cada programa está sustentado en estudio previo, y para eso debemos trasladarnos, para recoger donativos, es rodar por el estado sin gasolina”.

Con el apoyo de ciclistas lo han logrado. Pero las donaciones han mermado. Ya no tienen combustible para ir a buscarlas y en lugar de ir a las comunidades dos veces al mes lo hacen de forma bimensual.

“Este ha sido atípico por la pandemia, nosotros hacemos tarde de café, rifas, bailoterapias, gincanas, y no hemos podido. Nos hemos manejado a la buena de Dios, con lo que va llegando, con la ayuda de vecinos, hemos hecho un proyecto un kilo de amor por tu conjunto y en las residencias recogen comida y venimos al mes a buscar una canasta de alimentos”.

El llamado de Dar más que recibir es a la colectividad y empresas privadas para que sigan con sus aportes, y al gobierno regional para que no olvide que hay médicos residentes que están dando su vida en los hospitales, pero con hambre, necesitan gas.




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