Un impactante estudio de la Universidad Católica de Caracas concluye que Venezuela es el país con mayor prevalencia de esclavitud moderna de Latinoamérica, M. Arenas

En el espacio de la semana anterior se desarrollaron algunas ideas y conceptos de este flagelo a nivel mundial, en este segundo escrito se aborda tan delicado tema en la Venezuela Socialista del SXXI.

El estudio de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) encontró que las mujeres, los niños y adolescentes son las poblaciones más vulnerables. El trabajo forzado, la prostitución y la incorporación a redes de contrabando o tráfico de drogas se cuentan entre las formas más comunes de explotación. Las redes sociales y la internet son las principales vías de captación de las víctimas. Las engañan, las enrolan en proyectos supuestamente beneficiosos y lucrativos y, cuando menos lo piensan, están presas dentro de las redes de trata.

Según la investigación, las circunstancias en que ocurre la migración desde Venezuela hacia otros países de la región exponen a los caminantes a condiciones de vulnerabilidad que incrementan las posibilidades de que sean víctimas de dinámicas de esclavitud moderna.

En el documento se analizan los patrones de salida, recepción y las legislaciones vigentes en dos países fronterizos (Colombia y Brasil). Se indica cómo afectan a las personas migrantes y refugiadas.

Sin instituciones es más fácil

La debilidad institucional del país es la explicación a dos aspectos que dificultan el combate a la esclavitud moderna en Venezuela. La carencia de cifras oficiales, la falta de unidad de criterios entre quienes reciben las denuncias y el sistema de justicia. En este caso desacreditado y sometido al Ejecutivo.

Esta vergüenza, en toda su dimensión y gravedad, es abordada en el mencionado informe derivado de la investigación realizada por el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello (CDH-UCAB) . El trabajo se titula “Formas de esclavitud moderna y su impacto en personas migrantes forzadas y refugiadas venezolanas”.
Los obispos de países como Brasil, Ecuador, Colombia y las islas del Caribe, constantemente denuncian la trata de personas y sus consecuencias. Esto especialmente para los migrantes y refugiados. En el caso de Venezuela, este problema reviste mayor complejidad. Además crece a la par que lo hace el éxodo a través de las peligrosas rutas fronterizas.

Bajo la falsa promesa de regularización migratoria y empleo, caen en manos de mafias de trata que obligan a los migrantes a practicar lo que artificiosamente llaman relaciones sexuales transaccionales o bien a ejercer la prostitución consensuada. Las cifras son espeluznantes, como este dato: en el Norte de Santander –Colombia- el 90% de las trabajadoras sexuales son venezolanas.

Un tratamiento equivocado

“La investigación – explica el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica-también permite entender cómo, a pesar de la indudable decadencia de las instituciones venezolanas y una incuestionable emergencia humanitaria compleja que agudiza la precariedad del modus vivendi de sus ciudadanos, las personas venezolanas siguen recibiendo tratamiento de migrantes voluntarios, es decir, como cualquier otro migrante que decide salir de su país, sin tomar en consideración todos los factores exógenos de la situación venezolana, que ineludiblemente han forzado a millones de nacionales a movilizarse fuera de su país de origen”.

El estudio

El CDH-UCAB documentó algunas formas de esclavitud moderna que afectan a los migrantes venezolanos:
● Un informe elaborado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Panamá, Trinidad y Tobago, República Dominicana, Costa Rica y Guyana reveló que 21% de un total de 4.600 encuestados fue obligado a trabajar sin recibir ningún tipo de remuneración o fueron retenidos contra su voluntad desde que salieron de Venezuela. De este mismo grupo, 2% fue obligado a trabajar.

● Se conoce que existen venezolanos que son llevados al exterior, previamente contactados por redes sociales (Facebook e Instagram) a quienes se les ofrece empleos como cuidadoras, atención al cliente, estudio de idiomas o cursar otros estudios y luego son víctimas de redes de trata.

● El CDH-UCAB registró casos de mujeres que por cuenta propia o bajo engaño han sido trasladadas a Trinidad y Tobago, Colombia y Brasil con ofertas engañosas de empleo o de “prostitución consensuada” y una vez en el exterior, son obligadas a prostituirse. En Trinidad y Tobago deben cancelar hasta $2.000 por su libertad a líderes de las bandas organizadas.

Medios

● En cuanto a los migrantes y refugiados venezolanos que se dirigen a Brasil, se encontraron elementos suficientes para hablar de la existencia de redes de trata de personas que captan a estas personas con fines de explotación. “Los medios utilizados para la captación consisten ofrecer servicios de transporte y ubicación en este país”, detalla el informe de del CDH-UCAB.

● En Colombia, Ecuador y Perú existen reportes que dan cuenta que migrantes venezolanos, entre ellos mujeres, niñas y personas Lgbti (Es una persona que se siente atraída emocional, afectiva y/o sexualmente por personas que percibe como de su mismo género), han tenido que recurrir a relaciones sexuales transaccionales. En Colombia se han identificado madres que empujan a sus hijas a realizar estas prácticas y hombres y adolescentes que se dedican al contrabando de combustible y drogas.

Fronteras

● En la frontera con Brasil y con Colombia las mujeres son captadas mediante ofertas engañosas de empleo que les ofrecen redes criminales transnacionales. Se les ofrece trabajar en labores agrícolas o en tareas domésticas, en fincas y barequeo (minas de oro); pero una vez que llegan al lugar son explotadas sexualmente en negocios controlados por el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y grupos armados de delincuencia organizada.

● En el Norte de Santander, 90% de las trabajadoras sexuales son venezolanas. También se evidenció que hombres colombianos ofrecen ayuda a mujeres venezolanas con niños a cambio de situaciones que implican servidumbre doméstica y esclavitud sexual. En el Catatumbo se constató la existencia de prácticas de explotación sexual y sometimiento de niños y adolescentes venezolanos no escolarizados en situaciones similares a la esclavitud.

● En Bucaramanga (Colombia) fue denunciada la existencia de una red de alquiler de niños venezolanos que son utilizados para pedir limosnas en las calles. Se conoció que los propios padres son quienes alquilan a sus hijos a estas redes criminales. Ellos someten a los niños a estas prácticas. También fue reportado que estos niños son dopados por sus tratantes a los fines de que se mantengan quietos durante todo el día.

Países receptores

● En un estudio regional que abarcó cuatro países receptores de venezolanos (Colombia, Curazao, Ecuador y Trinidad y Tobago) sobre la explotación sexual y trata de mujeres y niñas venezolanas migrantes forzadas y refugiadas se registró que estas suelen llegar a los países de la región con escasos recursos, desnutridas y pocas pertenencias personales. Este contexto ha generado que el trabajo sexual se convierta en el medio más común con el que cuentan para ganarse la vida.

● Los tratantes prometen regularización migratoria y empleo, pero una vez que llegan al país de destino, las personas en movilidad se ven forzadas a trabajar sin percibir ninguna remuneración, y a tener sexo para poder sobrevivir. También existen reportes de que, en los cruces fronterizos irregulares desde Venezuela a Colombia, las mujeres que no tienen dinero para pagar a los grupos armados que controlan la zona, son forzadas a pagar con sexo. Mientras que, en algunos casos, los menores de edad son reclutados por estos grupos armados. En parte, esta situación se debe a la imposibilidad que estas personas tienen para migrar a otros países por vías regulares.

A pesar de la decadencia de las instituciones venezolanas y la emergencia humanitaria que vive Venezuela, los venezolanos que huyen fuera de sus fronteras buscando mejor calidad de vida siguen recibiendo un trato de migrantes voluntarios. Lo hacen dejando de lado los factores exógenos de la situación venezolana que los empuja a movilizarse de manera forzada.

Para el Centro de Derechos Humanos de la UCAB, “la falta de reconocimiento de los venezolanos como sujetos de protección internacional obvia de forma agravada las prerrogativas que les asisten de acuerdo a las normas de carácter internacional, generando una revictimización soportada en el menoscabo de sus derechos fundamentales”.

Lavarse las manos no es opción

El CDH-UCAB insiste en decir que es indispensable que los países receptores acaten el cumplimiento de los principios de protección internacional, el no rechazo en frontera, el acceso, la no devolución y la unificación familiar, entre otros aspectos del respeto a sus derechos y garantías fundamentales.

Sin duda alguna, ayudaría mucho el que los países receptores acataran los principios de protección internacional. También las garantías fundamentales que consagran para los migrantes y sus familias. Esto comenzando por el reconocimiento, en este caso del estatus de los venezolanos que protagonizan uno de los mayores éxodos que ha visto la humanidad, facilitando la protección internacional para ellos.

Otra contribución importante la recuerda el subsecretario de la Sección Migrantes y Refugiados de la Santa Sede, Cardenal Michael Czerny:

“Si cada uno de nosotros abre sus ojos, sus oídos y su corazón, y ve en su vida cotidiana señales concretas de este flagelo, hay que denunciarlo inmediatamente a la diócesis”, la que nos corresponda.

Como el mismo Papa Francisco ha dicho, captando perfectamente que se trata un crimen contra toda la sociedad y que todos debemos involucrarnos en su combate:
“No podemos lavarnos las manos si no queremos ser, de alguna manera, cómplices de estos crímenes contra la humanidad”.

Los interesados en leer el informe «Formas de esclavitud moderna y su impacto en las personas migrantes forzadas y refugiadas venezolanas», pueden descargarlo, en versión PDF, haciendo clic en esta dirección.

(*) Tomado de www. Aleteia. Venezuela. Publicado el 23.08.21

Chichí Páez
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