Más de cuatro mil 900 megavatios están fuera de servicio en Venezuela. Es lo que conlleva a una indisponibilidad del setenta y cinco por ciento de los megavatios térmicos instalados en el territorio. Ya ni Caracas se salva. Drástica reducción energética, que va más allá de la depresión hiperinflacionaria, sino a proyectos que se han quedado en el papel de las promesas incumplidas por parte del Gobierno, precisa el ingeniero José Aguilar, experto eléctrico y asesor internacional en materia de electricidad.

Explica el experto que el “Centro Eléctrico” de Venezuela, formado por los estados: Amazona, Aragua, Carabobo, Cojedes, Falcón, Guárico, Portuguesa y Yaracuy más la parte baja de los estados Miranda y Apure, son la región de mayor demanda eléctrica del país. Para atender los requerimientos de energía para esta importante zona se instalaron más de seis mil 400 megavatios termoeléctricos de potencia y 45% (8 mil megavoltios amperios)  del poderío eléctrico del sistema de transmisión en 765 kV, proveniente del Guri, en la región Guayana, del cual se surten los patios de numerosas subestaciones regionales en 400, 230 y 115 kV.

Aclara que en esta relación no se incluyen los proyectos inconclusos plasmados en el papel de las promesas incumplidas que lo soporta todo, los cuales representarían un mil 100 MW de potencia instalada y reforzamientos de los sistema de transmisión y distribución en las distintas regiones.

Aunque, luego de alcanzar su máxima demanda histórica de cinco mil 525 megavatios, el 16 de abril de 2013, recién comenzando el mandato de Nicolás Maduro, la potencia instalada se ha venido a menos, experimentando una reducción de más del 30 por ciento, en la actualidad apenas si supera los 3 mil 800 MW, señaló Aguilar.

El eje industrial del bajo Miranda, Aragua y Carabobo, son los más golpeados y representan el setenta y cinco por ciento de ese consumo.

Esta drástica reducción energética, va mucho más allá de la depresión hiperinflacionaria que atraviesa la economía del país, pues de ese enorme potencial instalado de infraestructura eléctrica electrificada al 100 por ciento para la actividad comercial e industrial, generadora de valor agregado a la economía nacional, tenemos que:

  1. El parque térmico de esta región, de sus setenta y dos unidades mayores instaladas, en la actualidad 49 (sesenta y ocho por ciento) están fuera de servicio que representan más de 4 mil 900 MW equivalentes a una indisponibilidad de 75% de los megavatios térmicos instalados.
  2. La porción regional del sistema de transmisión troncal conformado por las subestaciones en 765 kV: San Gerónimo B (Valle de la Pascua, Guárico), Horqueta (Villa de Cura,  Aragua) y La Arenosa (Tocuyito, Carabobo) producto de la mala praxis operacional de sobrecargar sus equipamientos para encubrir la falta de generación térmica disponible y confiable, han derivado en varias explosiones e incendios de equipamiento que restrinjen la operatividad y han causado un deterioro de la red de distribución de los diferentes estados del Centro Eléctrico de Venezuela
  3. Además de la pérdida de megavatios, los punto 1 y 2; han dejado casi un 80 por ciento de la potencia reactiva indisponible de esta amplia zona del Sistema Interconectado Nacional, lo cual dificulta la operatividad de regulación y compensación ante los cambios normales a pesar de la reducida demanda y aún más a veces en las horas de menor consumo.

Este desglose de situaciones, es lo que tiene en cuidados intensivos al sistema eléctrico del centro del país y representa el mayor impedimento para relanzar la actividad económica regional, vital para la generación de bienes y servicios que ayuden a combatir la escasez y la hiperinflación nacional, considera Aguilar.

Pero, lo más grave es que con estas circunstancias, son imposible cristalizar dos esperanzadores sueños: El “Hecho en Venezuela” y el que podamos recibir de vuelta a la diáspora de nuestros hermanos en el exterior a los que anhelamos tenerlos de vuelta.

Resumió que mientras más largas se le dé a esta calamidad, mayores serán los costos y el tiempo de la recuperación, por lo que se requieren cambios políticos de gran superioridad sin dilación; de lo contrario, de prolongarle la agonía al país, no hará falta que el último apague la luz.

 




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