“El debate dialéctico es un método argumental usado para el estudio de los conceptos éticos y morales clave, y suele ser de gran valor en el proceso decisorio. Ignorar es oscuridad, es riesgo” E. Arenas P.

El equipo humano responsable de la producción de este espacio, ha tenido como Norte buscar apoyo y asesoramiento de expertos en temas de actualidad. Como quiera que el covit 19 es un problema mundial, hemos logrado la orientación de algunos profesionales de salud que quisieron aportar sus ideas y conceptos en este delicada y escabrosa problemática del área medico-social.

En los párrafos siguientes se expresas algunos comentarios significativos del intercambio de información relacionados con dicha insegura y peligrosa situación mundial.

La gestión del conocimiento entraña el fin de llevar el conocimiento (sea mágico, científico, tácito y/o explícito) desde donde se genera hasta donde se va a emplear e implica el desarrollo de las competencias necesarias para hallarlo, producirlo, asentarlo, compartirlo, valorarlo, asimilarlo, desarrollarlo y utilizarlo con objeto de mejorar la capacidad de resolución de problemas y la mejora continua de los procesos.

Basando en la dialéctica socrática (como método educativo y de debate), se impulsa este planteamiento para promover la idea de la necesidad de siempre ser reflexivos en todo proceso decisorio y de mejora valiéndose de lo filosófico y argumentativo para estimular la duda metódica, el pensamiento crítico, y extraer ideas verdaderas y provechosas, pudiéndose llegar al caso de que hay insuficiente saber para concluir que se está ante lo correcto y cierto, alcanzándose una aporía: estado mejorado de todavía no saber qué decir sobre el tema en discusión y que aún hay espacio para desglosar más para ir “más allá” de los axiomas y postulados que se han dado por sentado.

¿Cómo concebir e implementar una decisión y asumir la responsabilidad por la(s) consecuencia(s) de su(s) efecto(s) sin haberse paseado por el saber disponible y por las entrañas éticas y morales? Para responder, entremos al tema de decidir sobre usar un fármaco en una enfermedad.

Luego de tragedias, se ha aprendido que el proceso para aprobar el uso generalizado de un medicamento en una enfermedad “x” debe ser muy regulado, cuidadoso y exigente. El principal requisito para autorizar un fármaco es la díada de su eficacia y seguridad probadas en el ámbito de esa enfermedad.

Inicialmente, la evidencia de la eficacia debe venir de ensayos laboratoriales y, luego, de ensayos clínicos controlados. La evidencia de la seguridad deriva de la observación en ensayos previos a su uso clínico masivo y prosigue luego con farmacovigilancia. Preferiblemente, los ensayos han de ser “doble ciego”, en los que los pacientes se asignan al azar para recibir ese fármaco o un placebo (agente sin efecto farmacológico e inocuo) y en los que el paciente ni el médico saben qué producto se administra, esto para evitar sesgos comunes que pueden afectar los resultados.

Sin un conocimiento científico de la eficacia y de la seguridad dentro de la enfermedad “x”, ¿cabe indicar un fármaco (del gr. pharmakum: veneno) tras el escudo de estar haciendo ensayos clínicos cuyos resultados mostrarán un saber aprovechable? Téngase esto en claro: en ciencia todo ensayo se hace en condiciones rigurosamente controladas, idénticas y repetibles para todos los sujetos del estudio.

Para aclarar sobre esto, aprovecharemos el magma conflictivo existente por el uso de la ivermectina contra el SARS-CoV-2, agente causante de la Enfermedad por Coronavirus del año 2019 (ECovi-19: CoviD-19, en inglés).

La pandemia de ECovi-19 trajo un escenario de diversas facetas, muchas inesperadas, con exigencias insólitas y sorprendentes, sirviendo para discurrir cuidadosamente por la valoración analítica y detallista del panorama, haciendo énfasis en las características particulares del conocimiento disponible, porque éste aumenta la capacidad de las personas para el cumplimiento idóneo de sus tareas, factor que lo hace ser un elemento intrínsecamente valioso y le constituye en una fuente potencial de ventaja competitiva. En ciencia (como lo es la Medicina) esto es determinante.

De seguida: preguntas y respuestas sobre ivermectina y ECovi-19 para que quien lee estas líneas deje que su mente entre en el debate que permita llegar a un final, de desear: acertado y enmarcado en lo bioético.

¿Qué es la ivermectina?

Es un fármaco desarrollado en la década de 1970 contra parásitos internos y externos que mejoró la salud de los animales, aumentó exitosamente la productividad veterinaria. Su efectividad contra la oncocercosis en caballos hizo que se probará en humanos adultos invidentes en África. Luego, se usó contra la filariasis linfática (elefantiasis) y se ha utilizado en humanos para tratar la estrongiloidiasis (enfermedad sistémica grave), la sarna, Loa loa, la escabiasis costrosa severa, la ascariasis, la trichiuriasis, piojos, Tunga penetrans, etc., y para matar a los mosquitos y así disminuir la transmisión de la malaria. Debido a sus riesgos, en Estados Unidos de América se suspendió su uso en humanos y sólo se usa en veterinaria.

¿Es segura la ivermectina?

Si se utiliza para las indicaciones permisadas y en las dosis aprobadas, se dice que es un fármaco seguro y que la mayoría de las reacciones adversas a dosis terapéutica son leves y transitorias (alteraciones visuales, dolor, enrojecimiento conjuntival, lagrimeo, hinchazón de ojos o párpados, sensación ocular anormal; mareo, pérdida de apetito, náuseas, vómitos, dolor o hinchazón abdominal, diarrea, estreñimiento, debilidad, somnolencia, temblor incontrolable de alguna parte del cuerpo, frecuencia cardiaca acelerada y molestias en el pecho, hinchazón de cara, brazos, manos, pies, tobillos o pantorrillas, dolor e inflamación en las articulaciones, dolor e inflamación de ganglios del cuello, axilas o entrepierna); algunos efectos alérgicos pueden ser graves (fiebre, ampollas o descamación de la piel, sarpullido, urticaria, comezón); y se describen casos con reacciones neurológicas severas con encefalopatía grave y muerte. No hay pruebas sólidas que apoyen su uso en menores de 15 Kg de peso. Tampoco hay evidencia que respalde su uso en el embarazo.

¿Tiene la ivermectina propiedades antivirales?

Sí. Se ha demostrado que inhibe la replicación de varios virus de ARN, entre otros: chikungunya, dengue, encefalitis equina venezolana, fiebre amarilla, zica y, últimamente, SARS-CoV-2 “en el laboratorio experimental”.

Con base en esa inhibición detectada “laboratorialmente”, considerando el perfil de seguridad de este agente, que la ECovi-19 es una emergencia de salud pública de importancia mundial sin tratamiento específico y dado que la gente está muriéndose por el SARS-CoV-2, se ha llegado a decir que la ivermectina puede ayudar contra él “in vivo” y se ha argumentado justificar la investigación sobre su uso, diciéndose que podría tener un papel en la prevención y/o el tratamiento de la ECovi-19. ¿Será así? Quizá, pero la respuesta no es sencilla, siendo de destacar que la extrapolación directa del resultado “in vitro” (en una placa laboratorial de Petri) a un organismo vivo no es correcta.

Quienes reciben ivermectina como profilaxis o tratamiento pueden suponerse protegidos: ¿es cierto que lo están? y si no es así, ¿cómo quedan la ética y la moral?

La Agencia Federal del Medicamento de EE.UU., la Organización Mundial de la Salud, la Oficina Panamericana de la Salud y otras entidades (asociaciones de farmacovigilancia, escuelas de Medicina, observatorios del comportamiento de automedicación, departamentos de bioética, centros de información de medicamentos, etc.) han emitido advertencias sobre el uso de este agente.

En situación de crisis (como la pandémica y en no pocas del ámbito de los emprendimientos), la gestión del conocimiento tiene exigencias extraordinarias que el debate dialéctico razonable y de altura debe satisfacer junto con la rigidez del método de René Descartes: es la única manera no perversa de llegar a la verdad trascendente que tiene sentido.

Chichi Páez
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