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Con bombos y platillos mediáticos, el oficialismo anuncia el inicio de una supuesta “segunda etapa” del no menos supuesto “diálogo”, entre el poder establecido y la plataforma opositora. Esperemos que eso no pase de allí, porque la “primera etapa” le fue muy útil a Maduro y los suyos, y fue nefasta para el conjunto del ensamble opositor.

El diálogo político tiene un hábitat natural en la Asamblea Nacional, pero la disposición al diálogo es tan falsa de parte de la hegemonía, que sólo les falta trancar las puertas de la Asamblea y ponerles unos candados. El poder hegemónico le ha arrebatado sus facultades a la Asamblea, y eso debería ser suficiente para calibrar si están dispuestos o no a un diálogo efectivo.

Hay gente de buena fe, más fuera que dentro del país, que apuestan al diálogo, tal y como lo configura la hegemonía. Están equivocados. No tanto en relación a la teoría del diálogo sino a su práctica concreta en la realidad venezolana. Lamento, por ejemplo, incluir en esa lista al representante del Vaticano en Venezuela, cuyo mensaje, sin duda, difiere en no pocos aspectos del de la Conferencia Episcopal Venezolana, y de muchos de sus principales integrantes.

Y por si todo esto fuera poco, el delegado del “diálogo”, de parte del oficialismo, es Jorge Rodríguez, quien fungió de verdugo electoral para la solicitud de referendo revocatorio y para la celebración de las elecciones regionales, ambas consultas previstas para el 2016. No hay que tener muchas luces para darse cuenta, entonces, que su mandato seguirá siendo parecido: evitar que se celebren comicios para evitar que la hegemonía los pierda de calle, con todo y su fraudulento ventajismo.

Desde los ámbitos de la oposición política, ¿se continuará jugando ese juego? Esperemos que no. Esperemos que la terrible lección de la tramoya montada a modo de “diálogo consensuado”, a finales del año pasado, haya sido asimilada. Esperemos que haya una posición firme, principista y decidida al respecto.

La supuesta “segunda etapa” del diálogo, es un refrito de la primera, y de todas las escenificaciones correspondientes que el poder viene montando, desde hace mucho tiempo. Ciertamente que con beneficios para su afán de continuismo. Ese es el objetivo. ¿Lo lograrán? Ojalá y no con el concurso o con la anuencia de la oposición política venezolana.

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