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Dayrí Blanco | @DayriBlanco07

Antonella tendrá que merendar distinto. Ella tiene cuatro años y se ha acostumbrado a cambios inesperados, la Venezuela en la que nació se lo ha exigido. Ya sabe de escasez y no se molesta si no hay en la nevera su yogurt favorito, entiende que se trata de una situación que su mamá no puede controlar. Lo que no comprende es la causa del cambio en su rutina alimentaria: La paralización de las líneas de producción de la planta MiGurt por el mismo motivo que se repite en cada una de las empresas que aún sobrevive en la Zona Industrial de Valencia: falta de materia prima.

No hay leche en polvo completa en los inventarios de la firma perteneciente a Alimentos Polar. Los últimos meses se logró sacar al mercado presentaciones en botella de 250 y 750 gramos con préstamos de otras firmas como Nestlé y Parmalat, que sí han contado con el permiso privilegiado para la importación que da el Gobierno con la asignación de divisas que controla desde 2003. Pero es un negocio que no se dará más porque el ingrediente no cumple con los estándares de calidad del producto.

La decisión tan postergada tuvo que ser tomada. Fue el viernes 24 de febrero cuando se apagaron todas las máquinas. A las 6:00 p.m. El personal de la planta fue enviado a su casa bajo la figura de suspensión laboral, una situación inédita en esta empresa que había mantenido activa a su nómina de 183 personas. Ahora solo 49, del área administrativa, sigue asistiendo a sus puestos de trabajo.

Carmen María Agreda, gerente de la planta explicó a través de un comunicado de prensa que no cuentan  con leche para la producción. “La leche es adquirida directamente por la empresa a proveedores nacionales que comercializan leche de uso industrial, la cual debe cumplir con una serie de normas y estándares de calidad”. Explicó que la empresa realiza todas las gestiones para reponer el inventario cuanto antes y poder reactivar las operaciones de centro de producción.

Luis Colmenares recuerda con nostalgia el 2013. Ese año Migurt superó las metas planteadas. En 12 meses se colocó en el mercado nacional lo que se había proyectado para cinco años. Las líneas producían tres mil 200 toneladas al mes. A mediados de 2015 todo cambió. “Cada vez recibimos menos insumos, ingredientes y materiales” recordó quien hasta el viernes fue operador de producción número 1. En 2016 apenas se logró elaborar 500 toneladas al mes, lo que es igual a una caída de 84,38%.

Hubo intentos de recuperación. La gerencia apostó a la oferta del Gobierno como salvavidas a la crisis: La exportación. Fueron dos contenedores de 144 mil cajas de yogurt cada uno los que se vendieron a las Islas del Caribe en octubre y noviembre. Pero la producción en Valencia seguía cayendo y no se pudo continuar con el plan.

Un conjunto de factores se sumó para que una de las empresas más prósperas del país esté detenida. Además de las fallas con el suministro de leche en polvo hubo severas deficiencias con frutas importadas como el melocotón y la imposibilidad de tener los dólares para comprarlo.

El deprimido poder adquisitivo fue detonante para el desplome de las ventas. La botella de 250 gramos pasó de 900 a dos mil 800 bolívares en los últimos tres meses, un incremento de 211% que no todos los bolsillos pudieron soportar. Incluso los de la mamá de Antonella, quien dejó de darle yogurt a la niña tres veces a la semana y solo se lo mete un día en la lonchera.

Para el Gobierno la empresa no es prioridad. No fabrica alimentos de primera necesidad, pero sí es importante para sus trabajadores. Sander Rodríguez luce preocupado, tiene xxx años siendo parte de la firma y garantizando estabilidad económica a su familia. Ahora no sabe cómo hará para cuadrar las cuentas con un salario básico y solo un mes de bono de alimentación. La mañana del jueves funcionarios del Ministerio del Trabajo instalaron un operativo para amparar los puestos de todo el personal. Roberto Ayala insistió en la intermediación del Ejecutivo. Hizo un llamado al ministro de Industria y Comercio, Carlos Faría, para que se hagan las gestiones necesarias para la reactivación de la planta con la liquidación de las divisas que se necesitan para la importación de la materia prima. Esa sería la solución para la estabilidad de los puestos de trabajo y de las meriendas de Antonella.

 

 




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