Foto Dayrí Blanco
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Dayrí Blanco | @DayriBlanco07

Mientras más alto mejor, ese es el objetivo. Los uniformados lo tienen claro, elevan sus armas y disparan. Una detonación a la vez y es suficiente cuando más de 10 lo hacen de forma simultánea. El efecto asfixiante de los gases es lo que menos preocupa a quienes están ahí, expuestos a recibir el impacto de una bomba lacrimógena durante su caída. La mayoría corre para evadir un perdigonazo, de esos que ahora van en dirección contraria: Abajo. Van directo a piernas y pies. Así se reprime en las manifestaciones en Venezuela. La estrategia cambió.

Antes que el ataque inicie, del otro lado también se preparan. “Tenemos que estar listos para defendernos porque, aunque nosotros somos mayoría, ellos tienen pistolas”; dijo Juan, uno de los muchachos identificados como resistencia de Carabobo. Estaba junto a un grupo de compañeros armando los cohetones que usan para distraer y tratar de minimizar la represión. Todos estaban encapuchados. “Nos tapamos la cara por seguridad, porque somos los que batallamos de frente y fuera de la protesta pueden identificarnos y actuar en nuestra contra”.

Al lado de ellos, otro grupo también se preparaba. Cada uno tenía piedras en sus monos y refuerzos en sus bolsos a sus espaldas. Ya era la 1:00 p.m. del miércoles y en las afueras de la sede del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Carabobo todo estaba en calma. Parecía que defenderse no sería necesario. Hasta que uno de la “resistencia” identificó a un “infiltrado”. “Él me detuvo una vez, es del Sebin”, aseguró. El señalado corrió a refugiarse con los uniformados de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) que custodiaban con un fuerte piquete antimotín la sede del ente comicial desde muy temprano. La represión no se hizo esperar.

Fue una combinación de bombas lacrimógenas y perdigones de un lado, y de piedras y cohetones del otro. Quince minutos de choque intenso que acabó con la concentración.

Más temprano, desde las 11:00 a.m., sociedad civil y dirigentes políticos de oposición se concentraron en siete puntos distintos de la Gran Valencia para marchar hasta el CNE. Fueron movilizaciones pacíficas que se encontraron en la avenida Bolívar Norte.

Ahí, todos dejaron claro su rechazo a la propuesta de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Margarita González sale a la calle en cada convocatoria de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Esta vez lo hizo en contra de lo que calificó como una burla. “Primero lanzan la constituyente y después las elecciones regionales. Eso es mentira. Se burlan del pueblo. Yo no sé cuándo se le va a poner un freno a esa gente del Gobierno”. Pese a la represión, las detenciones arbitrarias y los juicios en instancias militares, ella no tiene miedo. “Yo seguiré protestando hasta que logremos el objetivo de salir de esta pesadilla de Gobierno”.

Frente al CNE, una comisión compuesta por los dirigentes políticos: Enzo Scarano, ex alcalde de San Diego; el diputado de la Asamblea Nacional, Ángel Álvarez GIl; Alejandro Feo La Cruz, alcalde de Naguanagua; Néstor Olleros y Armando Amengual, representantes de Primero Justicia; logró entrar para consignar un documento en el que se expresó que el proceso constituyente debe pasar por la consulta del pueblo para que decida si quiere o no que se ejecute. Si es aprobado se pasa a la segunda fase de convocatoria a referendo para la elección de los integrantes de la ANC, y por último la consulta para aprobación o no de reforma constitucional. “Nada de eso se hizo. El mecanismo usado por Maduro y el CNE es írrito”, aseguró Scarano.

Mientras los políticos hacían lo suyo dentro de las oficinas de la Junta Regional Electoral, afuera, frente al piquete de la PNB, dos jóvenes con cuatro en mano entonaron canciones a los uniformados, esos mismos que minutos después ejecutaron su acción represiva de bombas, perdigones e incluso piedras que le devolvían a los manifestantes.




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