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Una de las preguntas más recurrentes en ciertos ambientes de la  política italiana, maxime de la izquierda, cuando se habla de Venezuela   –  y en este período por una serie de motivos muy comprensibles se habla con mucha frecuencia  –  es la siguiente: ¿cómo es posible que un país tan rico como Venezuela, cuarto productor mundial de petróleo, presente una situación tan deplorable como la que está viviendo hoy día? ¿Cómo se explica que, en lugar de alcanzar prosperidad y desarrollo, se haya  empobrecido poniéndose al mismo nivel de otros países que no tienen ni mínimamente los recursos que tiene Venezuela?

El problema de esas lumbreras de la política económica mundial, que son los comunistas, es que están convencidos, falta saber si de mala fé o por ignorancia,  que lo que está pasando en Venezuela no es culpa del sistema, sino de la incapacidad y de la falta de visión económica de los que están mandando y no han tomado conciencia  –   eso ya no es cuestión de mala fé, sino de torpeza mental  –   que desde octubre del 1917, fecha de la revolución bolchevique, en  todos los países donde se ha tratado de imponer el sistema comunista ha habido hambre, miseria, crisis economica. privación de las más elementales libertades.

Hay más, me parece importante señalar que esos eximios comentaristas cometen un error de fondo cuando califican a un país rico, porque la verdadera riqueza de un país no estriba en sus recursos naturales sino en la manera en la cual se organiza la sociedad. Un país es rico o pobre esencialmente por la forma en que trabajan sus habitantes, por la tecnología que emplean, por el capital que acumulan y reinvierten- la libertad para trabajar, los incentivos para crear empresas, la existencia de un mercado competitivo y el consiguente estímulo que eso supone para la reproducción, son los elementos básicos que crean la verdadera riqueza de un país. Y guste o no guste, ninguno de esos elementos hay en un sistema comunista. En otras palabras, la relación básica entre el Estado y la sociedad en Venezuela, se ha ido inclinando peligrosamente hacia el primero, generando un desequilibrio que, a la postre, ha producido las nefastas consecuencias que todos conocemos,  Lo que esos señores no han entendido es que la función del Estado no es la de producir bienes,  sino la de  crear las condiciones institucionales, políticas, de seguridad personal y económica para que los ciudadanos y las empresas puedan actuar, en un clima de tranquilidad y en el pleno respeto de las normas de convivencia civil. Desde siempre los gobiernos han sido pésimos empresarios ya que el fin que se proponen no es solamente tratar de producir bienes, sino satisfacer una clientela política que los mantiene en el poder desinteresándose completamente de la productividad, o sea de esa importantisima relación que hay entre el costo y lo que se produce.  Las consecuencias inevitables de esa anomalía representada por un Estado empresario, es un clientelismo sumamente arraigado  que favorece la corrupción, el despilfarro, el enriquecimiento ilícito,  que permiten que en un país rico como Venezuela ya no haya medicinas, repuestos, artículos de primera necesidad, no haya pan, no haya gasolina… en otras palabras, que  se convierta  en un “UN PAÍS PRODUCTOR DE MISERIA”! QUE TRISTE!

 

 

 




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