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Sara Pacheco|| spacheco@el-carabobeno.com 

La calidad del agua ha sido un tema polémico. Diversos expertos han alzado su voz para alertar a la ciudadanía el problema que conlleva. Los niveles de aluminio y otros metales y minerales son alarmantes. El cloro se usa en desproporción y las plantas potabilizadoras y de tratamiento de cloacas no operan al 100%. Pero el núcleo es cómo la perciben los afectados: los consumidores. 

En varias zonas de la ciudad de Valencia las denuncias en torno al agua han proliferado significativamente en 2015. Este ha sido, de acuerdo con testimonios, el peor año. Cada persona que deba utilizar el líquido proveniente de las tuberías tiene al menos una observación negativa de su presentación. 

La casa de Luz López, por ejemplo, está llena de envases. La llegada del líquido, como en la mayoría de las comunidades al sur de la ciudad, se resume a dos días a la semana. Pero lo preocupante para esta habitante del barrio La Democracia es su olor. “Huele raro. El agua no debería tener olor alguno”, manifestó. Al abrir el grifo debe dejar que fluya pues, lo que primero aparece es amarillo con sedimentos. 

Norberto Lugo e Isaías Medina Rodríguez, del mismo sector, explicaron que beberla no es una opción. Solo pueden usarla para lavar o en los baños. Para Carmen Garcés, del barrio Renny Ottolina, lavar es un problema. “La ropa blanca sale amarilla”. 

Carlos Castillo denunció que cuando termina de llenar su tanque, implemento obligatorio, se forma una crema amarilla suave en el agua. La comparó con arcilla. Más de una vez le ha ocurrido, por ello debe lavar el tanque al menos tres veces el día que llega el líquido. 

Antonio Figueredo, de la urbanización Fundación Mendoza, detalló que el olor es prácticamente a cloacas. Yngrid Ladera se quejó de los altos niveles de cloro. Para esta dama, bañarse es un martirio. La situación no se limita al sur, habitantes del norte de la ciudad sufren las mismas condiciones.  

Lo que perciben los ciudadanos son los componente organolépticos del agua. Es decir, lo que puede apreciar a través de los sentidos (gustativo, olfativo y visual). Cuando el recurso tiene parámetros elevados o fuera de las “Normas Sanitarias de la Calidad del Agua Potable” deja de ser potable, coinciden los expertos. Solo con que tenga un color extraño, el agua deja de ser potable. Y en el sur de Valencia los vecinos lo saben. Su modo de vivir, ajustado a la venta de botellones de agua y camiones cisterna es la confirmación.




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