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Dilma Rousseff, Marina Silva y Aecio Neves. (Foto AFP)

AP

A continuación un vistazo a los principales candidatos a la presidencia en las elecciones generales del domingo 5 de octubre de Brasil, por orden alfabético:

AECIO NEVES: Es el candidato del partido de oposición más grande de Brasil, el de la Social Democracia Brasileña, que ocupó la presidencia entre 1995 y 2003 con el político Fernando Henrique Cardoso. Tiene como compañero de fórmula a Aloysio Nunes, el líder de la bancada de su partido en el Senado.

Neves, de 54 años, es licenciado en economía. Descendiente de una familia de políticos, es nieto del primer presidente electo tras el régimen militar que terminó en 1985, Tancredo Neves, quien murió un día antes de su toma de posesión. Aécio Neves fue diputado federal antes de ser electo gobernador de Minas Gerais, el segundo más grande en población, y reelecto para un segundo mandato en 2006. Tras su gobierno fue senador y presidente del partido que cuenta con una base de apoyo fiel principalmente en el estado de Sao Paulo.

Es el candidato más favorable a la clase empresarial de los tres principales aspirantes a la presidencia. Al igual que la otra adversaria de la oposición, el candidato propone hacer ajustes en gastos públicos, dotar de autonomía al Banco Central y presentar una reforma fiscal.

Neves promete una política externa más abierta al comercio para la que plantea flexibilizar reglas del bloque Mercosur que ahora prohíben que sus países miembros acuerden tratados bilaterales sin el permiso de los demás.

DILMA ROUSSEFF: La presidenta de Brasil desde 2011 busca la reelección y continuidad de programas sociales del Partido de los Trabajadores, que lleva casi 12 años en el poder.

Fue la candidata escogida por el popular presidente Luiz Inácio Lula da Silva y la primera mujer en ser mandataria del país. Promete fortalecer programas asistenciales que han ayudado a erradicar el hambre y la pobreza extrema lo que la hace la candidata favorita entre los más pobres de Brasil.

Sin embargo, la economía entró oficialmente en recesión en agosto después de una grave desaceleración. Aunque Rousseff es criticada por empresarios por su política intervencionista, analistas presagian que flexibilizaría precios como los de la gasolina y electricidad para no causar más afectaciones a la industria.

Rousseff, de 66 años, estuvo detenida por la dictadura y fue torturada en los años 70 cuando militaba en una guerrilla de izquierda.

Antes de ser presidenta, dirigió el consejo administrativo de la paraestatal Petrobras entre 2003 y 2010 mientras era ministra de Minas y Energía y luego jefa de Gabinete de la Presidencia. Su carrera política ligada a la petrolera, en vez de ser una fortaleza, es una debilidad para la candidata ya que la empresa está envuelta en un escándalo de corrupción por un esquema de sobornos entregados a políticos del partido gobernante a cambio de contratos.

MARINA SILVA: Entró a la contienda hace menos de dos meses cuando murió el candidato del Partido Socialista Brasileño Eduardo Campos en un accidente aéreo. Silva primero conmovió a los electores, pero su campaña recibió fuertes ataques de la presidenta Dilma Rousseff, lo que redujo su popularidad.

Critica el estilo de hacer política en Brasil en el que dice se comprometen políticas públicas a cambio de apoyo político y recursos electorales. Para eso propone una reforma política y exactitud al ejercer el gasto público.

La mejor herramienta de Silva ha sido su historia personal. Proveniente de una familia pobre de caucheros de la selva Amazónica, no sabía leer ni escribir hasta sus 16 años cuando quiso estudiar para ser monja y comenzó a trabajar como empleada doméstica. En su niñez y juventud se enfermó de hepatitis, malaria y leishmaniasis.

Silva comenzó su carrera política luchando con el cauchero y activista ambiental Chico Mendes, quien fue asesinado en 1988. Fue regidora de la ciudad de Rio Branco antes de ser senadora por el Partido de los Trabajadores. Nombrada ministra de Medio Ambiente por Luiz Inacio Lula da Silva, ejerció el puesto entre 2003 y 2008 y logró reducir los índices de deforestación de la selva a la mitad con un plan interministerial que rescataba áreas protegidas y aumentaba la vigilancia en la región.

Tras renunciar al puesto en 2008 por estar en desacuerdo en cómo desarrollar económicamente la región Amazónica, se unió al Partido Verde, con el que se postuló para presidenta en 2010 y obtuvo más de 19% de los votos, sin llegar a segunda vuelta.




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