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No hay estadísticas oficiales en Venezuela, pero los fuertes cambios afectan la calidad de vida del ciudadano. (Foto Archivo)

Andrea Hernández || [email protected]

“Soy una criatura voluble y lunática. Se me ha acabado la pasión. Y recordad que es mejor quemarse que apagarse lentamente”, con estas palabras Kurt Cobain finalizó su nota de suicidio, en abril de 1994. El músico estadounidense y líder de la banda Nirvana sufría depresión, además del abuso de drogas y alcohol. El trastorno depresivo es más común de lo que parece y afecta a 350 millones de personas en el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

La noticia del suicidio de Robin Williams conmovió al mundo, el pasado 11 de agosto. El actor, quien con sus inolvidables personajes en la gran pantalla hizo reír a muchos, también experimentó depresión y se le agravó al enterarse que tenía Parkinson, según informaciones de los medios de comunicación.

En Venezuela no hay estadísticas oficiales recientes sobre la depresión, pero los fuertes cambios afectan la calidad de vida del ciudadano; el tiempo libre que antes era invertido en actividades recreativas se ha disminuido significativamente por la inseguridad, y la búsqueda de alimentos y medicinas. Pareciera que se vive en una constante angustia colectiva. Los expertos dan cuenta de ello: “Cada vez mi consulta está más nutrida de ansiosos y deprimidos, ha aumentado hasta 20% la frecuencia de los casos”, así lo refirió el ex presidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría, Robert Lespinasse, quien denunció la carencia de antidepresivos para tratar la afección.

Mientras que la psicóloga especialista en Estrés Postraumático, María Antonieta López, refirió que 80% de los casos asistidos en el consultorio presentan cuadros depresivos.

La inseguridad es la principal preocupación de los pacientes. Los que viven en zonas peligrosas viven atemorizados por las balas perdidas o ajustes de cuentas. “Hace cinco años de cada 10 personas que asistían a mi consulta, cinco eran por ansiedad y depresión, ahora de ocho a 10 la presentan”, afirmó la especialista en Neuropsicología y Neurociencias, Reyna de Watt.

El término “depresión” deriva del latín depressus, que significa abatido o derribado. La Real Academia Española lo define como un síndrome caracterizado por una tristeza profunda e inhibición de las funciones psíquicas presentes en la persona afectada.

Se considera un trastorno multifactorial, con 70% de carga genética y 30% depende del contexto. Entre las causas están la herencia, factores bioquímicos, situaciones estresantes o de trauma, personalidad propia, hasta las condiciones climáticas.

Para María Antonieta López, no existe una ‘vacuna’ contra la depresión. “Desde un niño hasta individuos de la tercera edad la pueden padecer. Sin embargo, las personas introvertidas son más propensos a sufrir el trastorno debido al escaso contacto social que los identifica”.

“Hablar de depresión en niños era un pecado, porque muchos pensaban que era un estado emocional que acompañaba cada etapa evolutiva del pequeño”, explicó la neuropsicólogo, mientras recordaba el asombro de las personas cuando investigaba sobre los trastornos de ánimo en niños y adolescentes durante el año 2005 en la Universidad de Barcelona, España.

Conexión de redes emocionales

Se ha comprobado que existen personas que manifiestan cuadros depresivos durante la temporada de invierno en el cual los días son más cortos. El elemento orgánico está presente y los niveles de depresión son más altos porque algunos neurotransmisores tienden a bajar, entre ellos la dopamina y serotonina, encargadas de regular el comportamiento, la cognición, motivación, apetito y estado de ánimo, corroboró Reyna de Watt.

Las personas que anteriormente han experimentado episodios de enfermedad mental “tienen redes emocionales y cognitivas hiperconectadas en el cerebro”, de acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de Illinois en Chicago. Por medio de una resonancia magnética de adultos entre 18 y 23 años de edad, se comprobó también la intervención de la rumiación -pensamientos nocivos que rondan por nuestra mente sin detenerse- en la recurrencia del trastorno depresivo.

“Cuando hay redes hiperconectadas, una absorbe a la otra y van haciendo sinapsis. Si vemos a un niño que es muy ansioso, es hiperactivo, está muy asociada la hiperactividad con la ansiedad y muchas veces la ansiedad con la depresión”, expresó la especialista.

¿Depresión o “bajón de ánimo?

La tristeza es una emoción presente en todos los seres humanos, así como lo pueden ser el miedo y la alegría, el problema radica cuando está presente diaria o interdiaria durante dos semanas o más, en ese caso se determina que hay trastorno depresivo. Y de acuerdo con los niveles de intensidad se diagnostica si es leve, moderada o severa.

“En niños y adolescentes la tristeza se puede sustituir por rabia o ira, se presentan cambios conductuales, aislamiento, trastornos del sueño, disminución o aumento en el apetito, apatía, pérdida del contacto social. En el adulto, se evidencian además alteraciones cognitivas en cuanto a memoria y concentración. Cuando el nivel es mayor se pueden presentar deseos suicidas, sin embargo estos síntomas son reversibles al mejorar la afección”, comentó María Antonieta López.

La depresión es el componente de otros padecimientos, puede ser el inicio de un paciente que desarrollará esquizofrenia o ser parte del Trastorno Afectivo Bipolar que se caracteriza por cuadros depresivos intercalados con manía. Es decir, se aprecia la comorbilidad, presencia de patologías coexistentes o adicionales relacionadas al diagnóstico inicial; en ocasiones dicho trastorno puede ser el inicio de una demencia senil, según explicó la psiquiatra Giuliana Olivieri.

Con las pruebas de laboratorio, por medio del estudio de hormonas como la prolactina y el cortisol, los exámenes psicológicos y antecedentes familiares se puede detectar el nivel de depresión en el paciente. Además, se aplican diversos instrumentos entre ellos el Test de Hamilton -escala para evaluar cuantitativamente la gravedad de los síntomas en la persona deprimida- y se realiza la prueba de perfil de inteligencia emocional.

Afecta más a mujeres que a hombres debido a los cambios hormonales. “La depresión más arraigada es la de mujeres mayores a 40 años cuando pasan por la menopausia. También hay una población entre 21 y 36 años que se deprimen mucho por no encontrar pareja, sienten terror a relacionarse con alguien y que después no funcione… Hay cuadros depresivos muy marcados, al borde del suicidio”, destacó Reyna de Watt.

Entre las terapias para tratar la afección, se encuentra la técnica cognitiva conductual, en la cual el individuo aprende a reconocer y solucionar sus problemas entendiendo la realidad que lo rodea. Además se aplica el método EMDR (Desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares) utilizado en el tratamiento de las dificultades emocionales causadas por experiencias difíciles, desde fobias, ataques de pánico hasta duelos y muertes traumáticas.

El tratamiento farmacológico se basa en antidepresivos que no causan adicción y el efecto es visible de cuatro a seis semanas. En caso de depresión grave se debe hospitalizar al paciente. “En general, los cuadros depresivos son de buen pronóstico si se realiza un adecuado manejo”, puntualizó Giuliana Olivieri.

No es un estado pasajero

Entender la depresión como una enfermedad y no como un estado pasajero, es imprescindible para buscar ayuda. Reyna de Watt con más de 30 años de experiencia advirtió que “en la mayoría de los casos el paciente tiene que estar medicado siempre, todo dependerá de la etapa en que se encuentre. Es un tratamiento que amerita disciplina para no retroceder. La depresión es algo más que depresión… no los dejemos solos.”

En el mundo del espectáculo son muchos los que han padecido esta anomalía debido a que las personas vinculadas con las artes son hipersensibles. Britney Spears, Jim Carrey, Owen Wilson, Hugh Laurie, Heath Ledger y Amy Winehouse son algunos artistas que han tenido cuadros depresivos en sus vidas. Los dos últimos casos no tuvieron final feliz.

Personajes históricos que la sufrieron

Vincent Van Gogh: “La tristeza durará para siempre”, fueron las últimas palabras que pronunció el pintor holandés, cuando se suicidó a los 37 años.

Abraham Lincoln: El ex mandatario estadounidense, quien pusiese fin legalmente a la esclavitud, se convirtió en un melancólico tras enamorarse de Ann Rutledge en 1826, según el escritor Joshua Wolf Shenk.

Ludwig van Beethoven: el compositor plasmó su insoportable estado nostálgico en la Novena Sinfonía, una de las mejores composiciones de todos los tiempos.

Dicen las estadísticas

6,9% de los venezolanos sufre depresión, 23,8% trastornos de ansiedad y 3,65% de trastornos bipolares, según el último estudio del Ministerio del Poder Popular para la Salud, realizado en 2008.

25 suicidios en Carabobo en 2012, según INE. Más del 90% de los suicidas tienen algún trastorno mental: cuadro depresivo o abuso de drogas.

Los pacientes de depresión tienen 4 veces más posibilidades de tener un ataque cardiaco que los que no tienen antecedentes de esta enfermedad, según información del National Institute of Mental Health, 1998.

El trastorno depresivo mayor afecta a alrededor de 14,8 millones de estadounidenses adultos, es decir al 6,7% de la población de 18 años o más en cualquier año dado, según informes de la revista médica Archives of General Psychiatry de junio de 2005.

En 50% ronda la escasez de antidepresivos, según la presidenta del Colegio de Farmacéuticos de Carabobo, Yelipza Moreno.

32 años es la edad media de los casos, aunque en estadio severo puede aparecer a cualquier edad.

50% de los 350 millones de personas que padecen depresión en el mundo no recibe el tratamiento correspondiente, incluso en algunos países esta data puede llegar a más de 90%, de acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud 2012.

Para prevenir

Valorar los pensamientos relacionados a la depresión y modificarlos

Realizar alguna actividad física

Contactar a familiares y amigos

Tener una dieta balanceada

Visualizar momentos felices

No dejar de sonreír

(Fuente: www.psicotrauma.com)




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