Este 31 de Mayo celebramos la fiesta de la Visitación de María. Contemplamos a María Santísima como la mujer que se pone en camino con dignidad, con cuidado, con prontitud. Al contemplarla así, entendemos hasta dónde puede fructificar en nosotros la gracia de Dios, qué tipo de humanidad surge cuando Dios “agracia” a una persona dispuesta a acoger su don.

Al inicio de su camino de fe, María se levantó. Visitada por el Todopoderoso, se pone en camino para visitar a su prima Isabel: el don se hace efectivo en el servicio. María manifiesta que será la esclava del Altísimo. Deja su casa, para glorificar a su Señor en otra; deja el lugar donde dio su consentimiento a Dios, para exaltarlo un día en acción de gracias.

Al inicio de su camino de fe, María se levantó: deja Nazareth. Con su “éxodo”, anuncia a su Hijo, el que es el Camino. Silenciosa, sin embargo, anuncia que es necesario dejarlo todo para seguirle. Su éxodo, su desapego interior nos revelan su fe pura.

Con su “prontitud“, traía a Isabel, su devoción y testimonio. Generosa, se convierte en un motivo de profecía. Sólo la bondad revela el esplendor divino. El “atento cuidado” de María Santísima nos muestra la caridad completa.

También hoy en día, tomemos ese camino que serpentea entre colinas; gracias a él, la acción de la gracia hará en nosotros su morada. Este éxodo puede atravesar desiertos de desolación, de desencanto; sin embargo esos desiertos están listos para reflorecer. Dios conduce a los que Él desea hablar, para que sus almas se conviertan en un jardín bien regado.

El éxodo se inscribe en nosotros como un urgente y vital llamado a la conversión. El Señor nos ha escogido para caminar y servir en su presencia. Nos ha establecido por gracia como sus cooperadores y sus embajadores. Nuestra atención no desviará su camino. Enraizada en el fondo de nosotros mismos, ella desarrollará aún más sus raíces a lo largo de nuestra existencia.

¡Éxodo, primer momento de la Visitación! Camino interior que se abre a la gracia. La nube del Espíritu Santo cede entonces el paso al reconocimiento en ese mismo Espíritu. Como María Santísima supo levantarse, dejar Nazareth, revestirse del servicio y gozarse en el Señor. Como ella, aprendamos a regocijarnos en nuestro Salvador.

Al inicio de su camino de fe, María se levantó. Hoy con ella ¡nos levantamos! Que siempre resuene en nuestros corazones su canto de acción de gracias y nuestros labios exclamen:” El Señor ha hecho grandes cosas a nuestro favor”, ¡”Santo es su Nombre “! (Fuente: http://www.paxtv.org)

 




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