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La hegemonía roja lleva añales burlándose del pueblo venezolano, pero lo de los últimos días es una burla tan pero tan descarada, que rompe todos sus récords, lo cual es decir bastante. La recogida de los billetes de 100 es una burla, el anuncio que ya estaban siendo distribuidos los billetes de 500 es una burla, el posponer el tiempo de validez de los billetes ya recogidos y desaparecidos, es una burla; el denunciar que los billetes de 500 y otras denominaciones mayores no están llegando por causa de un complot internacional es una burla; el tratar de justificar todo esto con el “argumento” de que se desactivó un “golpe monetario” es una burla.

burlas sangrientas hacen un daño extremo a la nación venezolana

El dejar sin efectivo a los venezolanos en el mes de diciembre es una burla. El afirmar, como dijo Maduro, que la semana pasada había sido una buena semana es una burla. Todo es una burla. Una burla continuada. Pero ojo. Hay burlas de burlas. Las hay graciosas, así sean pesadas, pero no causan demasiado daño. Las hay malintencionadas que sí pueden perjudicar a quienes van dirigidas. Y hay también burlas de la peor especie posible, las burlas sangrientas, las que causan extrema angustia, zozobra, violencia y muerte. Ese el tipo de burla que Maduro y los suyos le están haciendo al pueblo de Venezuela. Una burla sangrienta que pica y se extiende.

¿Por qué? Una pregunta que todo el mundo se hace, y se intenta contestar de muchas maneras. Respuestas técnicas no hay. Políticas con algún sentido razonable, tampoco. Un conocido economista ha señalado que todo esto, más que un error es un crimen. Y es verdad. Entonces, ¿por qué? Bien se conoce de la incapacidad de Maduro y los suyos para hacer algo que sea constructivo desde el poder. Pero esto va más allá que mera incapacidad. Pareciera entrar en otros terrenos, más propios de lo psíquico que de lo ideológico. Desde algunos sectores democráticos se denuncia que Maduro perdió la razón y que estas “loqueteras monetarias” lo confirman. En verdad, esto luce creíble, por la dimensión de la catástrofe que se ha ocasionado sin ninguna necesidad.

Una insensatez de la tal categoría no tiene nada que ver con cuestiones ideológicas, por más retrógadas que sean, ni tampoco, no faltaba más, con las consabidas “desactivaciones” de golpes imaginarios, etcétera. Todo parece indicar que se trata de algo muy peligroso, por desequilibrado, desenfrenado, descolocado. No se nota ni una pizca de juicio elemental. Lo que hace que las burlas de siempre, se transmuten en burlas sangrientas, que le hacen un daño extremo a la nación venezolana.

 




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