Costa Rica, recientemente galardonada con el premio Campeones de la Tierra de Naciones Unidas por su esfuerzo en la protección de la naturaleza, es sede del sexto Laboratorio de Innovación Ciudadana iberoamericana, que reúne a un centenar de participantes hasta el domingo próximo.

En esta ocasión se desarrollan diez proyectos de innovación social desde el martes pasado sobre temas medioambientales en un país, Costa Rica, que prevé descarbonizar su economía y sistema productivo antes de 2050.

El laboratorio está organizado por la Secretaría General Iberoamericana (Segib), con el apoyo de las autoridades costarricenses e instituciones como la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

En la Hacienda La Flor de la Universidad Earth en Liberia, una facultad en un paraje natural que promueve el desarrollo sostenible de la región, se desarrollarán biofiltros de lombrices o se diseñará un dron en forma de tortuga para detectar microplásticos en el mar, entre otros proyectos.

UN LUGAR PERFECTO

Tras alzarse con el premio Campeones de la Tierra y acoger las sesiones preparatorias de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático (COP) el pasado octubre, Costa Rica se convierte ahora en el centro de la innovación ciudadana iberoamericana.

“Es el país líder en políticas públicas contra el cambio climático y protección del medio ambiente”, explica el responsable de Innovación Ciudadana de la Segib, Pablo Pascale.

A su juicio, es el “enclave perfecto” para este laboratorio, que “demostrará que la ciudadanía no necesariamente organizada puede hacer grandes aportes” al cuidado del medio ambiente.

“Cuando hablamos de protección del medio ambiente, hablamos de lo que hacen las instituciones, las ONG. ¿Pero qué pasa si aprovechamos ese compromiso de los ciudadanos por el medio ambiente?”, se pregunta retóricamente.

LOS DIEZ PROYECTOS

La relación de proyectos de innovación ciudadana en Costa Rica son:

1. Filtro de bajo coste portátil para potabilizar el agua en regiones con falta de acceso.

2. Filtro hecho a base de lombrices para descontaminar el agua residual en comunidades con déficit de saneamiento.

3. Sistema de construcción de placas plástico reciclado y residuos orgánicos para generar productos sostenibles.

4. Dispositivos electrónicos hechos a partir de plásticos de material orgánico que sustituyan la utilización del plástico sintético.

5. Sistemas emisores de luz que usan la energía emitida por las plantas en la fotosíntesis para zonas con sistemas de electricidad deficientes.

6. Estación meteorológica de bajo costo y refugio de abejas polinizadoras al mismo tiempo que controla la contaminación ambiental.

7. Sistema de eliminación de sal del agua marina para uso en huertos para zonas con déficit de agua dulce.

8. Plataforma digital para exponer cómo el cambio climático está afectando a las comunidades en América Latina.

9. Red de jardines para favorecer la presencia de polinizadores de la región donde se celebra el laboratorio.

10. Dron flotante y sumergible en forma de tortuga para identificar y contabilizar microplásticos en las reservas ambientales marinas.

TECNOLOGÍA DE BAJO COSTE PARA LA INNOVACIÓN

En este laboratorio, la tecnología de bajo coste será básica para desarrollar los proyectos.

Por ejemplo, los participantes utilizarán componentes difíciles de ensamblar aparentemente, como una placa de programación de 10 centímetros que, en unos simples pasos, convierte un monitor en un ordenador o una impresora 3D.

Aparatos que se unirán a la innovación social tradicional, donde la imaginación, elementos más básicos como tablas de madera o tierra para plantar así como el apoyo de las comunidades locales serán clave.

Pero la tecnología es solo el medio para materializar los proyectos. “Lo más importante es entender al usuario, convivir y sentir su situación para resolver el problema desde la raíz”, explica a EFE el ingeniero electrónico mexicano Rafa Cortés, quien comenzó como participante en los laboratorios y hoy es tutor en los proyectos.

EL RESULTADO ES CLAVE, PERO NO LO ES TODO

Un laboratorio congrega a un centenar de personas, hombres y mujeres, blancos, afrodescendientes e indígenas, algunas pertenecen a la comunidad lgtbi y otras proceden del mundo rural para idear soluciones innovadoras y accesibles a problemas que nos afectan a todos.

Del laboratorio de Costa Rica saldrán soluciones de bajo coste a problemas medioambientales que perturban la calidad de vida de comunidades costarricenses, pero una parte importante es cómo se llega a esos resultados.

En estos espacios importan la forma, los métodos, los cuidados, la escucha atenta y las interacciones entre las personas, según cuentan responsables del Laboratorio Procomum de Santos (Brasil).

Porque un laboratorio no es una clínica, sino un lugar que se habita y donde la gente trabaja conjuntamente para encontrar soluciones. EFE




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