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De una dictadura no se puede esperar respeto por las leyes, o por los derechos humanos. Sino cárcel a los discrepantes. Cierre de medios de comunicación y cualquier tipo de abusos y atropellos que haya inventado el hombre. De modo, que a nadie debe extrañarle que en Venezuela estemos viviendo estas circunstancias despóticas de una autoridad suprema. Donde, como es lógico suponer, se le  escurre el bulto a las elecciones.

Por supuesto, que  es necesario el reclamo de la sociedad, pero nunca el asombro, la extrañeza sería algo así como una actuación cándida, la más inocente fantasía.

en política son más las veces que nos equivocamos en nuestras predicciones que las que acertamos

Lo que muchas veces sucede es que en política son más las veces que nos equivocamos en nuestras predicciones que las que acertamos. Es normal que aquellos que opinamos con más frecuencia erremos más repetidamente veces. De manera que es una necedad alardear por el simple hecho de que alguien en una oportunidad dijera, por ejemplo, “para qué conversar con el gobierno si esos sujetos son unos bandoleros”. Pero obvian preguntarse qué hubiera sucedido si estos sectores opositores se hubieran resistido al diálogo.

La política y todo lo que gira a su alrededor está muy lejos de ser materia de hechiceros. De personas que en algunas culturas hacen predicciones, invocan los espíritus, de poderes ocultos. Ella tiene la característica, me refiero a la política, de  mutar constantemente, es decir, lo que ayer fue hoy es otra cosa.

Hasta hace pocos meses la oposición marcaba la agenda; había entusiasmo, muchas esperanzas de salir de la barbarie; hoy el panorama se pinta diferente. Es vital intensificar la unidad que se ha visto disminuida, casi inexistente, incoherente. Luchar por un objetivo que hasta ayer era la Presidencia de la República, pero que hoy debe centrarse más bien en las elecciones de gobernadores  y alcaldes.

Muchos nos adelantamos a predecir que después de la “Toma de Caracas” el pasado 1º de septiembre la historia política se iba a partir en un antes y un después de esa fecha. De la misma manera, pensamos en aquel momento que las exigencias de la sociedad civil y de los políticos específicamente, iban a ser otras. Más firmes, sin treguas, de breves intervalos. Prácticamente, un acoso visible y táctico; sin espacios libres entre la salida de Maduro y otras alternativas; solo habría aplausos para el cambio del gobierno nacional.

En el corazón de los venezolanos se sembró la rabia, el ahogo por la crisis, las necesidades de alimentos y medicinas, la inflación, la inseguridad; en otras palabras, somos víctimas de la rapiña, de la chacota del gobierno contra los ciudadanos humildes. Hoy todos esos elementos se mantienen inalterables.

Muchos reinciden en el error de creer que por el hecho de que compatriotas se aglomeren en interminables colas para recibir una tarjeta vejatoria del gobierno de Maduro, es un pueblo indigno. No, es un pueblo que sencillamente tiene hambre, que necesita alimentarse, pero permanece con su rabia guardada para salir de la satrapía.

Un régimen, aunque aparente otra cosa, está en un estado deplorable, inseguro, sin fuerza para sostenerse de pie, que le aterra saber qué hará cuando abandonen Miraflores.

Es por eso que nuevamente regresan al país los facilitadores del diálogo llamados por el oficialismo con la finalidad de buscar una salida del hueco donde se encuentran sitiados por más de 80% de venezolanos, que los miran con ganas de cobrarles su destrucción.

 




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