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El calor de marzo no permitió vislumbrar lo que sucedería. Candela en los cerros, humo, ceniza y calima.

La ciudad mostraba a su gente caminando en el centro y en el sopor del mediodía caliente se veían figuras cabizbajas que de vez en cuando asomaban miradas de hastío y desesperanza. Nada hacía prever los acontecimientos.

Tristezas y desaires. Voces pesimistas destruyendo iniciativas. Terribles opinadores de oficio operando desde cerrados espacios. Acusaciones de traiciones.  Cuaresma con penitencia.

De pronto se anuncia una inesperada vaguada. Cantos de aves que se escuchan, coros de árboles silentes. Lluvia en la sequía. Renacer del verde, florecer de nuevo. Siempre después de la tormenta.

Así como los chubascos no esperados se precipita el evento. Dentro de la Sala, sin ponente designado, se produce el fallo inconstitucional; uno más de muchos, parte del legado de estos años de oprobio en la justicia. Reacciones, indignación, acusaciones de golpe, dentro y fuera, repudio de parte de la decencia que vive aún en los valores nacionales que se creían perdidos.

Se oye una voz, poderosa interlocutora, habla la fiscal y señala la ruptura del orden, la violación reconocida por primera vez. ¿Un gesto de decoro? ¿Un asomo de dignidad? O simplemente, como ha sido escrito por más de un sabio, una nueva maniobra distractora, un movimiento de diversión, una forma de recoger. Pero¿Cómo se puede recoger el agua putrefacta cuando se riega en la calle donde transita la Historia?

Más de pronto, como en los cerros, reverdece la esperanza. Se mueven otra vez hombres y mujeres, estudiantes y profesionales, ciudadanos de la calle y amas de casas.Callan un momento o no se escuchan las voces del mal agüero. Se levantan losrostros y se enfrenta al poder, con la voluntad y el valor de una causa superior.

El resultado se ve en el horizonte. Como luz en la noche oscura no puede saberse cuan cerca está. Pero el cambio se siente. Y quienes lo buscamos, que somosmayoría, lo anunciamos. Es la primavera venezolana; regresa una vez más.

Estamos juntos en el calor de la calle, en la esperanza y en la convicción. Tiempos mejores vendrán y la reconstrucción moral del país nos tendrá ocupados. Merecen nuestros hijos un mejor legado,será matizado con  testimonios de sacrificios y desvelos, de ilusiones y sueños compartidos.

Se ve venir el cambio como el alba en un nuevo amanecer. No solo las sombras se irán con la llegada de la luz. Se irá un tiempo, más oscuro que la noche misma. Con sus personajes siniestros y sus historias de indignidad y miseria humana.

Pero quedará el recuerdo, de quienes se enfrentaron a la tiranía, con el tiempo se convertirá en lección de generaciones. Nunca más leeremos esas páginas rojas. Escribiremos juntos los nuevos capítulos en tinta tricolor.

Que Venezuela sea nuestra inspiración y causa, que saquemos lo mejor de cada uno de nosotros para superar los obstáculos en el camino, que serán muchos; para que en el porvenir quienes nos sucedan encuentren en nuestros actos y ejemplos motivos de orgullo y modelos a seguir.

Ganas y casta sobrarán

 




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