(Foto referencial)
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Todo empieza con una risa burlona, un grito, un insulto o con una mano en la cara. Son muestras de agresión, marcas que la mujer lleva reflejadas en su piel y que oculta en su interior para no ser estigmatizada.

Mimis Velásquez es el nombre que usó para ocultar su identidad. Es peluquera, cortando cabello crió a una hija que ya cuenta 24 años. Sentada en una silla, con las piernas cerradas sosteniendo una carpeta manila, espera ser atendida en el Ministerio de la Mujer. Está cansada de ser maltratada por el hombre que en algún momento creyó amar. Piensa que la recibirán, pero minutos después le dicen que la abogada no está, que vaya a la Fiscalía, el lugar de donde venía y en donde recibió la misma respuesta.

Entre la indignación y el hastío ante el maltrato confiesa que no sabe a dónde acudir. Su voz, casi inaudible, denota temor, pero también valentía. “En la fiscalía me pidieron pruebas físicas del maltrato: ¿Están locos? ¿Y si me mata?”.

La mitad de la población ha enfrentado situaciones de violencia de género, un 70% de mujeres, sin importar su edad, ha experimentado discriminación, violencia física o verbal. La Organización de Naciones Unidas calificó esta condición como una pandemia que coloca al sexo femenino en la mira de mafias que comercian con ellas. La Organización Mundial de la Salud reveló que 4,5 millones de mujeres son utilizadas para trata de personas y de ese total, 98% es de jóvenes o niñas.

Al principio no me daba cuenta, recuerda Velásquez. “Decía que me quitara la falda, que hoy me veía fea, tiraba la comida y me regañaba si no le gustaba. Hasta el día en que me pegó”. Con el paso de los años la relación se volvió más tormentosa, no había respeto, sólo agresión. Veinte años de maltrato que silenció por temor al juicio de la sociedad.

Las agresiones por lo general comienzan de manera psicológica. La víctima deja de hacer cosas habituales, empieza a retraerse y a sentir más miedo. Los agresores manipulan, acosan y maltratan. Son los tres estadios de la violencia psicológica, explica María Antonieta López, psicóloga clínica experta en estrés postraumático, egresada en la Universidad de Nueva York.

Dependiente, pasiva y temerosa: es este el perfil con el que la doctora describe a la mujer agredida y la califica como incapaz de cerrar ese ciclo vicioso. El miedo impide que la víctima salga por sí sola del problema. Al agresor lo define como: Dominante, violento y manipulador.

Muchas fueron las noches en las que Mimis tuvo que dormir con un cuchillo bajo la almohada, a la espera de un posible ataque de su marido. Sus uñas ya no le parecían suficientes para defender a su hija y a ella misma.

 

Feminidad violentada

La última agresión hacia Mimis ocurrió hace más de un año. Ya no vive con su marido, quien sufre del corazón. Ahora intenta divorciarse, pero para esto tiene que pagarle una cantidad de dinero a su esposo, por lo que viajó a Colombia para trabajar. Abandonó su hogar como última alternativa para huir del infierno dentro de una casa en la zona sur de Valencia. La ley no la defendía y necesitaba más recursos para probar su testimonio.

Una fiscal del Ministerio Público experta en violencia contra la mujer, quien pidió anonimato por carecer de autorización para declarar, negó que a Velasquez se le cerraran las puertas y recalcó que ese ente ofrece ayuda psicológica y legal a las afectadas, sin excepción. Pero sí recalcó que las agredidas se niegan a recibir ayuda y presentan hechos con más de tres meses de antigüedad, por lo que pierden validez.

La ley es muy bonita pero hay que saberla leer, es algo fundamental al momento de aplicarla, defiende Barrios, quien muestra un folleto que refleja los cambios que desde 2014 el presidente Nicolás Maduro le ha hecho a la ley orgánica, que condena al agresor a una pena de entre 25 y 30 años por el crimen de femicidio, el cual no había sido tipificado.

Esto es un gran paso para un país que entre los años 2004 y 2009 ocupó el puesto 15 en el mundo en cantidad de femicidios, según la ONG, Small ArmsSurvey, que además señala que hasta el 25 de enero de 2014, 58 mujeres habían sido asesinadas por sus parejas.

Según la representante de la fiscalía, en 2014 Carabobo era el estado con más agresiones en el país. Fue superado por Zulia y Distrito Capital.

La fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, reconoció que los homicidios de mujeres incrementaron y que en los primeros seis meses de 2016 se registraron 75 femicidios, 30% más que el año anterior.

Mimis admitió haber confundido el amor con la agresión, un error que la enfrentó a su hija, quien repudiaba tal conducta. A pesar del escaso apoyo institucional, sigue en la búsqueda de una solución.

Esta es una realidad que viven muchas mujeres. 70% de los casos los comete un miembro del hogar, un sitio en el que se cree que hay seguridad y refugio, pero es allí donde reside el monstruo, el maltratador, el que muchas veces termina quitándole la vida a la mujer que en algún momento le aceleró el corazón. Mimis decidió evitarlo.

 




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