Con excepción de la dramática situación que nos persigue con la pandemia del 2020, el mundo y las grandes entidades sociales y políticas se mantienen a la par, con los retos ya conocidos pero todavía retadores. La modernización y la tecnología, en particular, siguen sus cursos arrolladores. El fenómeno, inicialmente comunicacional, que luego cogió fama bajo el nombre de sesgo informativo, que conocimos -sorprendidos- a fondo, a finales de siglo XX, continuó con su expansión durante las primeras dos décadas, actuales, del siglo XXI, y sigue sin flaquear, con todo su empoje de efectos, en este año 2021.

Se acentúa la tendencia, manifiesta, a que personas, grupos, sociedades, medios, y otras activas realidades, manejen todas las variables de comunicación en forma selectiva (“leccionista”), deformada, distorsionada, y con la frecuente tendencia de establecer una abierta oposición a la verdad.

Los vínculos políticos, intereses económicos, radicalismos, tendencias culturales y sociales, encuentran en ese sesgo informativo la forma eficiente de avance en las nuevas conquistas. El individualismo, como respuesta defensiva ante un mundo de amenazas, está presente en las personas, grupos, sociedades o medios, estimados como blancos (objetivos) de intereses poderosos.

La campaña electoral desarrollada en los Estados Unidos de América, en concreto desde el año 2015, hasta ya finalizando el 2019, demostró con pasmosa claridad y aun cinismo, el poder de las acciones distorsionantes en las comunicaciones, durante los candentes momentos de confrontación, particularmente en el campo político y social. Todo favoreció la llegada y ampliación de los sesgos informativos dirigidos a las grandes masas políticas, cuando tal información trae, adosada, la sensación de seguridad (o no seguridad), o de desestabilidad y desconfianza. O lo contrario, según los sesgos con que se emita la información a la opinión pública, y cómo queramos entenderla, o “hacernos los locos”.

Esto demostró que, finalmente, la gente, los dirigentes, y otros agentes sociales, soportados por las poderosas estructuras de la administración social (partidos políticos), como siempre ha ocurrido, “ven sólo aquello que quieren ver”. Aceptan solamente lo que se les hace parecer como evidente, aunque evidentemente, no lo sean. Y, al contrario, se ignora toda información contradictoria o contraria, que genere ansiedad, y hasta sufrientes temores, por ser fuente generadora de información sesgada, confusa, inestabilidad y angustia.

 

Hernani Zambrano Giménez

hernaniz@yahoo.com




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