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Cuatro diputados asesinados por turbas monaguistas, 1848

Fabio Solano || solanofabio@hotmail.com

“Hay tres diputados muertos y uno gravemente herido, de quien dicen que no sobrevive. Son los bárbaros que no creen en la democracia. Atacaron al Congreso con turbas armadas porque sabían que, por primera vez, el Congreso iba a ser independiente del Gobierno”. Don Ramón, con su voluminoso cuerpo repantigado en su sillón favorito, tenía cara de preocupación, consecuencia evidente del reporte que le hacía su hijo César. “Ahí nadie sabe quién comenzó la arremetida. De pronto uno de los gobierneros empujó a uno del bando del Congreso, y entonces se armó la gorda. Era claro que los violentos no podían entrar al convento, pero los de adentro se alarmaron y los diputados huyeron como pudieron, incluso por el techo. Hubo tiros. En la refriega cayeron ocho, y de esos, cuatro son diputados. A Cristóbal Mendoza lo vieron con un par de pistolas, amenazando a uno del otro bando. Al diputado Santos Michelena, expresidente también, lo apuñaló un facineroso cuando ya casi estaba a salvo. Dicen que es poco probable que sobreviva a las heridas”.

En ese momento, doña María apareció en el salón con tazas de café. Le entregó una a su marido, quien luego de un cuidadoso sorbo dijo: “Eso pasa porque en este país los políticos prometen una cosa y luego hacen otra. El Presidente supuestamente había arreglado con Páez y tenía su respaldo, pero en un santiamén cambió de parecer. El Congreso ahora está en manos de su adversario y eso hay que aceptarlo. Si no lo hace, entonces ¿para qué son las elecciones? Claro que hubo mucha confusión, pero en política casi siempre es así. Si Monagas se le volteó a Páez apenas asumió el gobierno ¿Qué podía esperar? El llanero no es manco ni nada parecido”. 

Intervino entonces César para alegar: “Mire padre, la cosa no es tan blanco o negro. Fíjese que solo pudieron hacer quórum ayer 23 de enero, y apenas 32 diputados de 44 (faltaron 19 parlamentarios) en sesión secreta decidieron trasladar el Congreso a Puerto Cabello. Eso no tiene sentido, pues el Gobierno no los va a dejar irse. Para peor, esa propuesta hizo que todo pareciera una conspiración contra el Presidente. Por eso, cuando se corrió el rumor de que planeaban destituir al general Monagas, se encendió la pradera, como se dice. Empeorando el ambiente, el Congreso decidió crear de la nada una policía fuertemente armada, al mando del coronel Smith, bien conocido como paecista. Cierto que el Gobierno los obligó a reducir de 200 hombres a 50, pero el gesto es evidente”

Don Ramón se estaba incomodando a medida que oía a su hijo, e intentó hablar, pero el joven continuó: “¿Qué pasó? Pues nada menos que los monaguistas decidieron rodear al convento de San Francisco, y a sus puertas enviaron una turba que calculan en mil. La sesión se instaló hoy y de acuerdo al orden del día, comenzando el año, oyeron al secretario del Interior, doctor Sanabria, y a otros ministros, con su memoria y cuenta. Cuando estos altos funcionarios se iban a retirar, los congresistas decidieron pedirles explicación sobre lo que acontecía en la calle. Más vale que no, porque algunos diputados monaguistas asomaron que esa interpelación era prácticamente un secuestro del Gobierno. El rumor llegó a la calle y ahí se armó el lío”. 

Don Ramón interrumpió y al fin pudo hablar: “Mire hijo, eso que hicieron los monaguistas, que ahorita se ve como una agresión de una horda contra diputados y senadores, va a afectar la soberanía del Congreso. Según la Constitución el Gobierno es un poder y el Parlamento es otro poder diferente. Si el Gobierno ordena el asalto al Congreso, está dándole una patada a la Constitución. La política es para hablar, no para agredir, o asesinar al adversario. Aquí, si el Congreso se instala mañana con los diputados monaguistas, significa que ese poder ya no es independiente y, por tanto, ya no existe. Lo peor, todos los que propiciaron esto, quedarán para la historia como unos verdaderos bárbaros. El Parlamento es para hablar del país, hacer leyes y fiscalizar lo que hace el Ejecutivo. Si no cumple con eso, no tenemos república, sino una dictadura”.




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