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Ana Isabel Laguna || @anaisabellaguna

La intensidad de la emociones varía de una región a otra en el mapa de Venezuela. Y también entre la clase media y la popular. En la primera imperan la tristeza (24,6%) y el miedo (20%). En la segunda hay más esperanzas (29,6%) y  expectativa (18,7%)

Observaba la expresión facial de quienes estaban a su alrededor; de aquellos que viajaban en sus automóviles o hacían colas en los supermercados. También en las salidas del Metro de Caracas. Y captaba siempre lo mismo: Caras largas. Ello motivó a la psicóloga Yorelis Acosta iniciar una investigación para identificar las emociones que experimenta la sociedad venezolana. Así nació el Mapa Emocional de Venezuela.
Esta psicólogo clínico-social, docente de la Universidad Católica Andrés Bello e investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la UCV encuestó a 2.483 personas del país, para dibujar ese mapa de la Venezuela 2015. “¿Qué emoción predomina en usted en este momento?” preguntó. Se analizaron 10 estados  con el apoyo estudiantil. “Hay un predominio de emociones negativas, como el miedo, la tristeza y la rabia. Sólo 79 personas de 2000 dijeron alegría, esto corresponde a 3,95%”. 
-Del miedo hablamos a diario entre amigos y familiares; prevalece en los titulares y se usa en la política con intenciones específicas. A votar sin miedo, hemos escuchado en los dirigentes. Definitivamente hay que vivir sin miedo, expresa la psicóloga.
Tristeza y miedo en Carabobo
En Zulia, 39,3% vive en la tristeza, 25,3% en rabia y 15% con miedo; mientras en Portuguesa son menos rabiosos (22%), pero 38,5% siente resignación –nada positivo, porque según Acosta esta emoción lleva a la paralización-. En Lara 31,4% la gente está más esperanzada y en constraste 29,4% anda triste. En Nueva Esparta 28,1% le ataca el miedo, pero está con menos tristeza ( 15,5%); en Yaracuy la emoción número 1 es la expectativa, seguida de la rabia. Los carabobeños le siguen a los zulianos en tristeza (26%), pero los superan en el miedo (20%). En Amazonas, están más a la expectativa (12%). El miedo también afecta en Cojedes, con 20%. Y aunque no están contabilizados en porcentajes, la rabia y la tristeza se dan la mano en Anzoátegui. Solo en Sucre, la alegría prevalece.
Y aún analizan los resultados de Táchira, Bolívar y Amazonas, pero muestran algunas tendencias: predominio de emociones negativas, como el miedo, la tristeza y la rabia. Sin embargo, Acosta reveló que en Caracas encontró diferencias entre dos sectores: En las clases medias resalta la tristeza (24,6%) y el miedo (20%), seguido de rabia y expectativa; mientras en las clases populares la esperanza (29,6%) y la expectativa (18,7%), seguido de alegría y resignación. 
Esta disparidad llevó a la especialista a averiguar el por qué de ambas visiones. Y encontró que cada uno de estos grupos sociales maneja criterios particulares acerca de las emociones consultadas, de acuerdo a su entorno. “A la clase media la afecta mucho la violencia. Para las clases populares es un concepto con el que, lamentablemente, están muy familiarizados. Al preguntársele a miembros de clases populares acerca de la esperanza, la remiten a situaciones intangibles, como que Dios haga justicia por ellos”.
Un fenómeno muy interesante, argumenta la psicóloga, porque no están expresando “fe” en la justicia legal ni en las instituciones, sino en la justicia divina, confiando en que “Dios es quien va a poner las cosas en su lugar”, según lo manifestado por Yorelis Acosta en el programa Primera Voz, conducido por la periodista Dhameliz Díaz por El Carabobeño Radio.
Desechar el “no puedo”
La dificultad para hallar alimentos, andar “estirando”el salario, la inseguridad, el “no puedo”, “no está a mi alcance”, han llevado a un “sufrimiento colectivo”, porque tenemos mucho tiempo con estos factores que afectan nuestra tranquilidad, nuestros sueños, nuestra salud. “No es una situación 2015. Y ya está haciendo ‘mella’ en nuestros recursos sicológicos como en la resiliencia –esa capacidad de sobrevivir a la adversidad y seguir adelante-,  a la vez hay una mayor tolerancia al sufrimiento,  te vas adaptando y se tiene menos fuerza para salir adelante. al igual pasa con la resignación, peligroso porque la gente tiende a paralizarse, a contenerse”, expone Acosta.
Aconseja evitar en nuestros pensamientos la categoría del “yo no puedo”, “no podemos”, “para qué voy a hacer esto”. Para ayudar a los ciudadanos, los colegios de psicólogos de cada región están muy activos, abriendo sus puertas para todas aquellas personas que  sientan sus capacidades de respuesta disminuidas.“En la investigación las personas dijeron apoyarse en su familia, en los amigos y en recuerdos de momentos positivos… me quedo con esto último”, expresó.
Relación mente-cuerpo
Llama la atención de que los médicos reportan aumento de estrés y cáncer relacionados por el predominio de emociones negativas. 
La doctora Miriam Marcano, pionera en Carabobo de la “psiconeuroinmunología” – disciplina médica que se encarga de estudiar la conexión que existe entre mente-cerebro y cuerpo-, refiere que la tendencia de emociones negativas afecta la vulnerabilidad de las personas a contraer enfermedades, ya que debilitan la eficacia de ciertas células inmunológicas así como también influye en su desarrollo, agravamiento y cronicidad; mientras que el predominio de emociones positivas es beneficioso para la recuperación de la enfermedad y restituir la salud.
¿Y será posible que el lenguaje cambie realidad? “Más allá de que a través del lenguaje pueda crear mi futuro hoy; es ir más allá. Es vital hacerle llegar a la comunidad todas estas nuevas estrategias que nos permiten vivir más cercano a la serenidad, tranquilidad y a la felicidad. Desde ese compromiso con la realidad que te rodea, con el “aquí y el ahora” empezar a gestar respuestas adecuadas y sanas”, manifestó Marcano en el programa de El Carabobeño Radio..
De acuerdo a la explicación de la científica, en primer lugar, hay que derribar el mito de que las emociones son heredadas. “Las aprendemos, y las adquirimos en esa primera infancia dependiendo al ambiente en que nos desarrollamos. Yo me puedo parecer a mi padre o a mi madre no porque lo heredé de ellos, sino porque ese fue el aprendizaje cognitivo conductual en esa primera infancia”.
Al ser un aprendizaje permite desaprender, es decir, cuando se asume la necesidad del cambio, al darnos cuenta que esas respuestas no nos están siendo positivas, podemos transformarnos en cualquier momento; “porque puedo producir un proceso de desaprendizaje, significa puedo desaprender y reaprender”.
¿Y cómo comenzar a desaprender? “Primero, ante situaciones tensas, aprender a respirar profundo. Cuando estamos tensos hay una contractura muscular y al contraerse él va a hacer que el pulmón reduzca su tamaño y ello hace que se estimule algunas terminaciones del sistema nervioso; se segrega adrenalina y allí tendremos las crisis de miedo y, por repetición, crisis  de ansiedad.
La idea es ir al sentido inverso: cuando respiramos profundo, muy lento, el pulmón se va a llenar de más aire. Ese movimiento suave y lento permite que el diafragma se relaje, desaparece la estimulación del sistema nervioso, particularmente del sistema nervioso simpático, el cual lleva la secreción de adrenalina, permitiéndonos relajarnos”. 
Regalarnos por lo menos 3 minutos, sugiere la doctora Marcano, en un sitio en el que pueda estar tranquilo; luego respire profundo y suavemente.Se trata de un aprendizaje continuo. Según lo expresado por la doctora, la idea es ir enviando al cerebro otro tipo de información, así vamos acondicionando nuestras respuestas emocionales. Y así conectados podemos construir hoy el futuro del país. Pero si se dice “no puedo” se envía al cerebro y al cuerpo la instrucción de que no puedo desprenderme de ello, creándose un apego patológico. 
Evitar la postura de victimización, es otra estrategia, porque la naturaleza nos dio suficiente fortaleza como para levantarnos. Es lo que se llama resiliencia, usar la adversidad como aprendizaje o instrumento de cambio. “Si se vive en un paraíso terrenal, si tengo todo, vivo plácidamente, para qué voy a cambiar. Pero, si es lo contrario, un continuo sufrimiento, es cuando hay la necesidad de los cambios”. 
Mientras que para “sanar al país”, la psicóloga Yorelis Acosta apunta en dos direcciones: La individual, a que cada persona se asuma que somos seres vinculantes, a darnos apoyo los unos a los otros. Y en caso de sentirse muy abatidas acudir a centros de atención psicológica.
Aunque a nivel colectivo, observa que hay manipulación política, porque se pretende romper el tejido social para que el ciudadano esté más pendiente de sus asuntos más básicos, y tenga menos participación política. Por lo que en víspera de eventos trascendentales que se avecinan en el país, sugiere buscar sembrar la esperanza; para levantar esa mermada capacidad de reaccionar.  En ese trabajo, a juicio de la psicóloga Yorelis Acosta, una cuota importante la tienen los políticos, para movilizar y conectarse con la gente. “Decirle que el cambio si se puede, invitarlos a soñar con la Venezuela posible, que nos imaginemos en la reconstrucción. Implica, constituirse en sus líderes emocionales para que la ciudadanía sepa canalizar su tristeza o rabia. Por ejemplo, la rabia moviliza y hay que hacerla que se exprese, pero de manera positiva. Implica, ¡a moverse!”, alienta la psicologa experta en intervención social.





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