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Más de 6 millones de peregrinos acudieron a la conmemoración. (Foto EFE)

EFE

Más de seis millones de peregrinos procedentes de todo México y de otros países han acudido este sábado a conmemorar las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el santuario erigido en su honor en la capital mexicana.

La mayoría de ellos vienen acompañados por sus familias y mantienen, desde hace años, la costumbre de acudir a la Basílica de Guadalupe, construida en el sitio donde según la tradición la Virgen se apareció en varias ocasiones al indígena Juan Diego a lo largo de 1531, la última el 12 de diciembre de aquel año.

Viajan con imágenes, figuras religiosas y flores, que se apresuran a alzar para que reciban el agua bendita que un sacerdote rocía a las afueras del recinto.

Allí, los peregrinos se acumulan y obtienen un merecido descanso tras caminatas que comienzan, en muchos casos, en la madrugada y que alcanzan su culminación cuando sus ojos se encuentran, por fin, con los de la Guadalapana.

Óscar se aferra a las tiras de su mochila. Porta a sus espaldas una gran imagen de la Virgen de Guadalupe, que lleva cargando seis horas, pero asegura que “hoy no pesa”.

La música de los ejecutantes de danzas prehispánicas retumba en el atrio, y no deja de sonar ni siquiera dentro de la Basílica cuando empieza la “misa de las flores”, celebrada al mediodía y oficiada por el nuncio apostólico en México, Christophe Pierre.

En su homilía, el nuncio anima a los fieles a que tomen como ejemplo a la Virgen para ser un instrumento de “paz y fraternidad”. No tengáis miedo, dice, pues “María está con vosotros”.

Y hace un ruego también para que “en la patria mexicana reine el amor, la comprensión y la unidad”, para que la violencia y la muerte queden “desterradas”.

Mientras el nuncio pronuncia su discurso, otros peregrinos aprovechan para ver más de cerca a la Virgen, atravesando la pasarela que se encuentra debajo del altar y permite apreciar sus rasgos morenos.

“Mira, ahí está, ¿la viste?”, dice una mujer cariñosamente a su hija señalando a la imagen. Es una de las madres que, en su visita, intentan trasmitir a los más pequeños la devoción que viven.

Luis y Mónica no vienen con sus hijos, porque “ya son mayores”, pero si han hecho un largo camino desde el sur de Ciudad de México es para pedir por ellos y por su salud.

De hecho, “salud” es la petición más repetida por los peregrinos, aunque también hay algunos que se acuerdan de sus ciudades natales y piden la “paz” para ellas.

Una mujer avanza de rodillas hacia la puerta. Despacio y con la ayuda que le brinda la mano de su hija, sube los pocos escalones que hay antes de mezclarse con la multitud que se agolpa dentro de la Basílica. “Vengo porque ella me ha salvado a mí y a mi niña”, asegura.

Quince cuerpos de emergencia aguardan en sus puestos por si fuese necesaria su intervención. En total, estos días han efectuado 3.900 atenciones médicas, y las causas más comunes son los desmayos, los desvanecimientos y las descompensaciones de la presión arterial.

“La gente se olvida de las recomendaciones, no toma sus medicamentos, no quieren comer en el camino y quieren llegar cuanto antes, por lo que no se alimentan bien, no se hidratan…”, señala Jesús Valdés, paramédico de la Basílica.

La tienda de recuerdos también se llena durante esta semana, ya que los días previos al 12, la gente acude para comprar imágenes y elementos para decorar las capillas que dedican a la patrona de México.

Sin embargo, durante ayer y hoy los objetos más solicitados por los peregrinos son “las estampitas, los escapularios y los rosarios”, cita una de las vendedoras de la tienda, mientras hace los cálculos para cobrar a unos clientes brasileños, que quieren pagar la mitad de su importe en dólares.

Los peregrinos venidos de diferentes países levantan orgullosos sus banderas al dar los últimos pasos de su recorrido.

Venidos de Puerto Rico y con una veintena de peregrinaciones a sus espaldas, llegan al atrio Cristóbal y Octavio, quienes forman parte de un grupo de guadalupanos que todos los años viajan hasta la capital mexicana desde San Juan para asistir a la eucaristía de las rosas, “darle el saludo a la Virgen y cantarle ‘las Mañanitas'” en la misa de la medianoche del 11 de diciembre.

“Los mexicanos nos acogen con mucho cariño”, afirma Octavio. Su compañero, emocionado al recordar lo que la Virgen ha hecho por él, completa sus palabras: “La fe de este pueblo es maravillosa”.




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