Este mal llamado “juego” es más bien una práctica o una conducta en extremo peligrosa. Se realiza desde hace algunos años, pero en los últimos tiempos debido a su disfunción a través del internet y las redes sociales ha aumentado su popularidad.

Esta práctica consiste en interrumpir el flujo sanguíneo al cerebro al bloquear o comprimir las arterias carótidas que se encuentran en la región lateral del cuello, las cuales se encargan de llevar la sangre y, por ende, el oxigeno al cerebro.

Es una forma de estrangulamiento y puede ser realizado en forma grupal o individual. Es decir que una o más personas realizan el estrangulamiento o la propia persona se lo hace a sí mismo, bien sea con sus propias manos o con cualquier cuerda o artefacto.

Esta situación genera una hipoxia a nivel del cerebro, lo cual trae como consecuencia la perdida de la conciencia.

Es una actividad o conducta sumamente riesgosa, ya que en primer lugar el cerebro no posee reservas de oxigeno y, en segundo término, el cerebro es muy sensible a su deficiencia, lo que puede dar lugar a daños irreversibles en este órgano.

A nivel local se produce edemas, enrojecimientos, hematomas, ruptura de los cartílagos de la laringe, aplastamiento de la tráquea, y fracturas de las vertebras cervicales.

A nivel del cerebro, el estado de hipoxia causa de forma inmediata sensación de mareos, vértigo, hormigueo en pies y mano, desvanecimiento y en ocasiones pueden producir  convulsiones, edema cerebral, inclusive, la muerte.

La falta de oxigeno en el cerebro da lugar a muerte de un número indeterminado de neuronas, dependiendo del tiempo de duración, la susceptibilidad propia de cada persona y de posibles situaciones o patologías pre existentes.

Debido a la muerte neuronal se producen daños cerebrales, pudiéndose presentar déficit cognitivo, alteraciones de la memoria, déficit de atención, alucinaciones, alteraciones motoras y funcionales.

Además de lo antes descrito, la compresión que se genera en el cuello puede estimular el nervio vago que se encuentra muy cerca de las arterias carotideas, cuya estimulación produce disminución de la frecuencia cardiaca, lo que a su vez puede generar una asistolia es decir, un cese de la actividad cardiaca.

Nos preguntamos entonces: ¿Por qué nuestro jóvenes realizan esta actividad?

Por una parte, la información acerca de los daños que se pueden causar es inexistente o inadecuada, ya que no conocen realmente cuáles son los riesgos que corren.

En segundo lugar, la presión y aceptación del grupo. Los adolescentes necesitan el reconociendo de sus pares y la aprobación e inclusión grupal.

La falta de percepción del riesgo, para ellos nada es peligroso y muchas veces se sienten invencibles, lo que los lleva a experimentar y a exponerse a situaciones que conlleven un peligro inminente.

En muchos casos, la búsqueda de sensaciones nuevas, ya que muchos lo describen como un momento intenso que genera efectos y emociones indescriptibles que van desde alucinaciones, euforia, sensación de muerte, que ellos manifiestan como placenteras y gratificantes.

Otro tema a tomar en cuenta es que para los adolescentes es mucho más importante la recompensa y el triunfo, que los medios a través de los cuales se logran.

Estemos atentos a estas prácticas que se van generalizando y conllevan un daño -tanto inmediato como a mediano y largo plazo- para nuestros hijos.




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