El decaimiento de la sociedad civil coincide con los embates y sacudidas que experimentan los procesos democráticos en el mundo. Las tendencias más regresivas, antidemocráticas y oscurantistas no quieren sociedades activas, vigorosas y pujantes; suponen que el ejercicio del mando, el poder y la autoridad se realizan verticalmente, con fuerza y sin contrapesos ni contratiempos. La sociedad civil les estorba y molesta. José Luis Tejeda González. Universidad Autónoma Metropolitana de México

De las denominaciones o conceptos que he leído para definir el término de sociedad civil organizada la que me ha parecido sobresaliente, es la que se refiere a las estructuras organizativas cuyos miembros sirven al interés general a través de un proceso democrático y que actúan como mediadoras entre los poderes públicos y los ciudadanos, según lo define el mismo profesor Tejeda González. Así lo ha entendido el sector político, que ha llegado el momento de reconocer lo importante de la participación activa de esa numerosa sociedad organizada que en muchos casos ha sido ignorada. Su participación debe ir más allá del solo hecho de hacerse presente cada sexenio para escoger el nuevo presidente. Pero, de la misma manera, debemos considerar el poco interés que siempre ha mostrado este grupo social sin vocación política de dejar sus empresas, por ejemplo, para dedicarse a un trabajo arduo como el servicio público.

El hecho es que el país marcha hacia unas elecciones primarias aparentemente irreversibles para escoger el candidato presidencial. Uno de los grandes pasos en este sentido ha sido la designación de la Comisión Electoral de Primarias (CEP) conformada por una decena de compatriotas revestidos todos de impecable honorabilidad, preparación profesional y sin preferencias partidistas de ningún tipo. Ellos son garantía de absoluta imparcialidad y pulcritud en el manejo de esas marañas de intereses y presiones que solo se sobrellevan cuando se procede con el reglamento de acero en la mano, y esto hace más liviana la carga…

De manera que si no nos dejamos atrapar por ese término muy en boga de la posverdad, nos vamos a encontrar con serios estudios de opinión que muestran la desaprobación de diversos presidentes latinoamericanos por su mala gestión económica y sistemas políticos. Nicolás Maduro, para usarlo como prototipo, tiene 5% de aprobación y sólo 1% considera a Venezuela como democracia plena. El presidente de Cuba, Miguel Diaz-Canel obtiene 14% de aprobación y 2% en la percepción democrática; mejor que el venezolano.

Para concluir, la reiniciación de la Mesa de Diálogo en México bajo la tutela del gobierno noruego es un avance importante dentro del marco de las negociaciones. Seguramente habrá voces disonantes de oposición que mostrarán su desacuerdo porque se haya aprobado el desbloqueo de tres mil millones de dólares que serán incorporados progresivamente como contribuciones al fondo destinados a salud y educación, recuperar la deficitaria red eléctrica, etc.; todo bajo el control administrativo de organizaciones internacionales. La delegación de la Plataforma Unitaria aseguró que su objetivo principal gira en conseguir condiciones políticas que garanticen una alternabilidad democrática. Estamos contestes, tan claro como el agua, que si no se logra la unidad y la participación de la mayoría de compatriotas en este proceso de primarias, el régimen de Maduro y sus consecuencias perversas continuarán en el poder por los años de los años…

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