(foto Twitter)

A pesar de ser una persona cariñosa y amorosa con sus hijos, sus nietos, sus sobrinos y con todos los que la conocen, ella no tiene los mismos sentimientos cuando se trata de animales de compañía tan populares como los perros y los gatos.

“No me gustan los animales en mi casa y no me despiertan ningún sentimiento de ternura. Aunque nunca los he maltratado y jamás lo haría, tampoco se me ocurre darles un beso, abrazarlos o decirles palabras cariñosas, porque simplemente no me nace”, asegura una madre y abuela colombiana.

La mujer podría parecer una especie en extinción en tiempos como estos en los que los animales han adquirido una importancia inusitada para miles de personas. Pero en realidad no lo es y ella simplemente representa el sentir de aquellos que no tienen feeling o cercanía con ellos, sin que eso los convierta en seres asociales ni mucho menos malvados.

Pero ¿por qué mientras algunos se desviven por un animal hay otros que no los toleran? ¿Son mejores o peores personas unas que otras? Y, sobre todo, ¿cómo pueden relacionarse sin conflictos? Para Carolina Alaguna Cruz, médica veterinaria y etóloga, el gusto o no por los animales tiene relación con la buena interacción que las personas hayan tenido con ellos desde pequeños. “Aquellas personas que crecieron rodeadas de naturaleza, con perros y gatos a su alcance y con buenas interacciones con ellos, generalmente son personas que les tienen empatía y los quieren”, explica.

Por el contrario, agrega la experta, quienes no gustan de los animales usualmente tienen detrás un episodio de miedo o de una situación difícil que vivieron con algún animal y que hace que no los quieran cerca o les puedan manifestar afecto.

“Cuando se les trata esa situación, muchas veces la superan y si bien puede que no adopten un animal, sí empiezan a convivir con ellos”, dice.

Empatía y compasión

Circunstancias como la historia familiar, las experiencias previas y los gustos personales tienen que ver con la percepción que las personas tienen hacia los animales, particularmente, a los de compañía.

“Por ejemplo los hijos de papás o mamás a los que no les gustan los animales y que siempre les han dicho que no se les acerquen o no los toquen, es muy posible que crezcan con esa mentalidad”, dice Carolina Cruz señalando que esa es la generalidad y no la regla.

Para el veterinario Guillermo Rico definitivamente influye el hecho de que una persona esté en una familia en donde haya historia de animales. “Eso ayuda muchísimo para que la gente tenga una predilección hacia las mascotas”, indica. “También hay un feeling un poquito innato porque dentro de una misma familia puede haber una persona que tienda a buscar un poco de más de contacto con los animales que otra”.

Citado en un artículo del diario británico The Independent, John Bradshaw, autor del libro En defensa de los animales, señala que el deseo de tenerlos en casa es tan generalizado que sería fácil presumir que es una característica de la naturaleza humana. Sin embargo, aclara, “no todas las sociedades tienen una tradición de cuidado de ellos e incluso en occidente hay muchas personas que no sienten afinidad”.

Según su teoría, desde que el hombre empezó a domesticar animales salvajes hace 15.000 años, y a llevarlos a vivir con él, motivó cambios genéticos que dieron paso a las especies domésticas que hoy llamamos de compañía. Así, “si bien los genes que promueven el mantenimiento de las mascotas pueden ser únicos para los humanos, eso no significa que sean universales”, advierte el experto. Es decir que no rigen en todas las personas por igual.

Ni mejores ni peores

Una característica en la que coinciden todas las opiniones es en el amor y cuidado por la naturaleza y el medioambiente que también profesan quienes aman a los animales.

“Las personas que son buenas con los animales y el medioambiente tienen dos características: la empatía y la compasión. Generalmente quienes son así tienden a extender su círculo de compasión y empatía hacia otros seres y otras especies, incluyendo los humanos”, señala Alaguna Cruz.

Eso no significa que aquellos a los que no les gustan los animales sean malas personas.

No se puede hablar si son mejores personas o de que tienen más valores. “Que una persona quiera más a los animales que otra o que demuestre más sensibilidad que otra, posiblemente solo significa que es más sensible hacia ese aspecto de la vida, pero no significa que sea mejor persona”, opina el veterinario Guillermo Rico.

Lo que si pudiera indicar algo malo es que “aquellas personas que maltratan a los animales sí tienen mal su escala de valores y no son buenos seres humanos e incluso se les puede catalogar como sociópatas”.

Hay estudios del FBI, arguye Cruz, que han encontrado que hay relación entre algunos grandes asesinos en serie y episodios de maltrato animal. “Hay sociópatas que pueden empezar sus prácticas criminales con los animales”, señala. (Fuentehttp://800noticias.com)




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