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Reuters

Cuando empezó a escasear la comida en el zoológico público de Caricuao, el más grande de la capital de Venezuela, los trabajadores tuvieron que complementar las dietas con mangos y calabazas para saciar a leones, tigres y hasta a un elefante.

Pero aun así, unos 50 animales del recinto han muerto de inanición en los últimos seis meses, según denunciaron trabajadores del instituto gubernamental que supervisa los parques y zoológicos públicos del país.

En Venezuela, la mayoría de los zoológicos y parques están bajo administración gubernamental y también en la mayoría de ellos la entrada al público es gratuita, por lo que dependen de los declinantes ingresos petroleros para funcionar.

En toda la geografía de la nación, que tiene una vasta muestra de flora y fauna tropical y endémica, se repiten las dificultades para alimentar a los animales.

En el Parque Zoológico La Laguna, ubicado en la población de Capacho, en el estado Táchira, los administradores dicen que han tenido que pedir “colaboración” de los productores y comerciantes vecinos para conseguir frutas, verduras y carnes.

Y el zoológico de Paraguaná, en el estado Falcón, reportó en mayo la muerte de tres animales.

A pesar de que los administradores no confirmaron las causas de las muertes, expusieron falencias en la alimentación de los casi 300 animales que albergan bajo el abrasador sol caribeño.

“Se necesitan ingresos económicos e insumos alimenticios y medicinales de forma estable y consecuente, de lo contrario se mantiene el riesgo (de que se cierre el zoológico)”, dijo Marisabel Santana, directora del parque.

Ante la situación, Santana dijo que el zoológico planea trasladar a una docena de animales, los que más comida consumen, a un parque en el estado de Mérida, que si bien también atraviesa dificultades, podría ofrecerles mejor calidad de vida, ya que cuenta con más recursos, espacio y un clima más benigno.

Entre los animales que se moverán están cuatro osos de anteojos, una especie en peligro de extinción. En condiciones normales, el animal debería consumir alrededor de 16 kilos de comida, pero hoy a duras penas comen ocho kilos. 

La Fiscalía abrió una investigación sobre la muerte de varias de sus especies y el lunes inició una segunda indagación por el reciente robo de un caballo que fue descuartizado para “despojarlo de su carne”.

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