“Yo estuve en la guerra de Corea”. Con esas palabras el hombre de piel aceitunada casi moreno, de facciones finas y pelo muy liso, captó la atención de su auditorium. Estaban en el vetusto Colegio Andrés Bello, en la parte que daba al gran patio donde veían clase los de secundaria.
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El pasado seis de abril, el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert Gates, consignó en el Senado de su país un dossier que el semanario The Nation no vacila en calificar como el más trascendental de los últimos treinta años.
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