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La capacidad del país para responder a la caída del petróleo es limitada. (Foto Archivo/El Carabobeño)

Luis Carías Toscano || Lcarias@el-carabobeno.com

CCC es la calificación que asignó Fitch Ratings a la deuda de Venezuela, dada la posibilidad real de incumplimiento de pago. Por primera vez desde la llegada al poder de la revolución bolivariana, el riesgo a default se cierne como una sombra sobre el país.

Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, explicó que si bien la deuda externa venezolana alcanza más de 150 mil millones de dólares, la nación sólo deberá afrontar pagos por cerca de 10.500 millones de dólares durante el año próximo. Sin embargo, con un barril promedio de 60 dólares, siendo optimistas, dejarían de ingresar 17 mil millones de dólares a la nación.

Ese es el panorama que han comenzado a ver calificadoras de riesgo como Fitch Ratings que rebajó la nota de la deuda soberana venezolana, debido a que consideran que la capacidad del país “de responder a la caída de los precios del petróleo -vía de entrada del 96% de las divisas de Venezuela- es limitada por el bajo nivel de reservas internacionales”, calculada en 21 mil 383 millones de dólares, según el Banco Central de Venezuela (BCV).

Fitch Ratings no es la única de esa opinión. A principios de mes, Moody´s alertó que Venezuela y Rusia son las naciones que más perderían con la caída de los precios del petróleo, pero sólo el país latinoamericano enfrenta un riesgo creciente de default debido a su fuerte déficit fiscal -calculado en 20 puntos del Producto Interno Bruto según los economistas- y su alto gasto público, que continúa elevándose en la previa a un proceso electoral.

En septiembre pasado, la agencia de calificación financiera estadounidense Standard & Poor´s también bajó un escalón la nota de la deuda venezolana, en su caso a CCC, considerando el deterioro económico del país y advirtiendo del “riesgo de default de pago en los dos próximos años”.

Incluso Dagong Global Credit, la principal calificadora de China, el aliado comercial más importante para Venezuela por sus lazos ideológicos, observó en agosto un elevado riesgo en el corto y mediano plazo, por lo que también bajó su calificación de “BB+” a “BB-“, además de señalar que graves desequilibrios macroeconómicos arrastrarán a Venezuela a la recesión y exacerbarán el malestar social.

Muy vulnerable

Las bajas calificaciones de la deuda venezolana tienen dos incidencias principales: el riesgo país que se calcula en 3.147 puntos, el más alto del mundo y las tasas de interés que se cobran por sus bonos, que llegan a 27% como mínimo, cuando lo normal en todo el mundo es 1% o 2%. “De modo que Venezuela tiene los mercados prácticamente cerrados”, aseguró Oliveros.

En condiciones normales, sostuvo el economista, las alarmas de riesgo a caer en default se prenden en Venezuela, porque depende únicamente del petróleo, y ahora que sus precios se precipitan es más grave, especialmente porque fue el único país que no ahorró durante su bonanza petrolera. Es una economía con alto grado de vulnerabilidad, desequilibrios internos importantes, incertidumbre cambiaria, escasez, inflación y recesión.

Default selectivo

Oliveros explicó que Venezuela tiene sus opciones contadas, porque una medida de esta naturaleza resultaría sumamente costosa para el Gobierno, dado que complicaría el proceso de inversión en la Faja Petrolífera del Orinoco, tendría múltiples demandas a escala global para exigir el pronto pago de su deuda y la deuda con China también se tornaría más compleja.

Además, Venezuela no podría efectuar un default selectivo como hizo Argentina, que consiste en la declaratoria de incumplimiento únicamente para un bono específico, pero con el compromiso de pago a tiempo de los demás.

Ello se debe a que los bonos venezolanos tienen una clausula llamada cross default, que en español suele conocerse como efecto cascada, y consiste en que si un país se declara en incumplimiento, el tenedor puede exigir el pronto pago del bono, incluso si su vencimiento es en 2024.

Tampoco es una opción privilegiar el pago de la deuda externa en detrimento de los proveedores extranjeros, pues según Oliveros, ese proceso ocurre desde finales del año 2012 y es el causante principal de la contracción del sector privado y la escasez, pues el Estado no ha liquidado oportunamente las divisas, y en consecuencia muchas empresas se han negado a importar más productos a Venezuela.

Ese impago de la deuda con los proveedores se ha agravado desde entonces y hasta el tercer trimestre, según cálculos de Ecoanalítica, suma 21 mil millones de dólares, sin expectativas a que mejore en el transcurso del año 2015.




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