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La estética visual y discursiva cambiarían radicalmente. (Foto Archivo)

El exdirector del Instituto de Investigaciones de la Comunicación Gustavo Hernández dice que TVES no ha cumplido con el canon globalizado de un servicio público
Luis Felipe Hernández

La opinión pública sabe que a un canal televisivo se le negó la concesión para crear otro, con el fin de enseñar un rostro nuevo de la televisión venezolana. Fue exactamente un 27 de mayo hace ocho años cuando esa idea, vestida de contracultural, se materializó en la Televisora Venezolana Social (TVES), aunque desde el 2014, lo que fue un concepto llamado revolucionario que se diferenciaba de su antecesor, Radio Caracas Televisión (RCTV), desaparece paulatinamente.

El nuevo presidente Winston Vallenilla inició una nueva oleada. La estética visual y discursiva cambiarían radicalmente. Transmisiones de la Copa Mundial de fútbol y programas llamados Está Pegao!, Te ves en la mañana, El Encantador de perros, o telenovelas de corte internacional como Porque el amor manda, han generado críticas para espectadores fieles a lo que se hizo desde un momento: televisión revolucionaria.

Pareciera que viera RCTV. Winston Vallenilla es solo un monigote. El rating parece ser más poderoso que el sueño revolucionario, opinó Antonio Aldazoro, estudiante de Comunicación Social, quien aplaudió lo que en un principio fuera un proyecto dedicado al arte y sobre todo de televisión alternativa.

Rating de la chatarra

Aldazoro no es único en opinar sobre el tema. El exdirector del Instituto de Investigaciones de la Comunicación (ININCO) Gustavo Hernández lo ha analizado desde los inicios del canal. “TVES no ha cumplido con el canon globalizado de un servicio público. Es lamentable que esto ocurra porque sabemos que hay mucha producción nacional independiente que pierde su sentido cultural y plural”.

Hay que considerar que el rating no se pelea con la calidad de la programación; que el rating lo hayan utilizado los canales privados y el gobierno como comodín para difundir chatarra televisiva, es otra cosa, agregó Hernández.

Privado y público

Hernández considera que hay diferencias discursivas y estéticas entre una televisora privada y pública. “En los canales gubernamentales el discurso predominante gira en torno a las avasallantes cadenas, las propagandas políticas y los programas de opinión e informativos que muestran puntos de vistas sesgados de la realidad venezolana”.

La estética tiene figura en el discurso político del Gobierno a través de imágenes, símbolos y frases elocuentes del ex presidente Chávez y Maduro. En el privado esencialmente está marcado por la poca publicidad que transmiten.

Culto al ego

En programas como Tves en la mañana, se le rinde exhaustivamente culto al presidente del canal, Winston Vallenilla hasta el punto de enaltecerlo reiteradamente durante la transmisión mediante saludos por parte del público, aparte que él presta su voz para anunciar toda la programación del canal.

Esto lo veo como un simple egocentrismo, nada atípico que agregue innovación en el género de entretenimiento, responde Hernández. “Está bien que lo haga. Eso es parte de la competencia. Lo hacen para hacerle creer al público que realmente se sigue la programación del canal”.

A nueve años de la concesión, que no le fue renovada a RCTV, el canal gubernamental ha crecido económicamente. En la memoria y cuenta del Ministerio para la Comunicación e Información se resalta que TVES recibió durante el 2014 un monto de 568 millones 821 mil 528 bolívares. La empresa fue la más beneficiada del año pasado. El presupuesto aumentó un 420%. ¿La familia lo necesita?




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