En realidad algo muy serio nos pasa. Como decía Ortega, no sabemos con certeza si “lo que nos pasa es no saber lo que nos pasa”.

Si no aprendemos a construir unas organizaciones políticas que no dependan de los avatares de un hombre sino de la solidez de sus propuestas, seguiremos siendo un país a la deriva. La esperanza está viva, el logro del objetivo aún es posible.

Vivimos tiempos en los cuales todos los sectores, tanto los partidos como la sociedad civil en su conjunto, que anhelan cambios ante las ineludibles realidades a las cuales nos ha conllevado el régimen y todos sus secuaces en esta alocada travesía, dediquen sus energías a preocuparse por lograr un compromiso mínimo, dejando de lado esas diferencias propias de adversarios políticos, sentando las bases de confianza mínima que hagan posible un clima de entendimiento que se fundamente en propuestas basadas en los problemas reales de nuestra región y nuestro país que interesan a los ciudadanos, sustentadas en un mensaje serio, sin los sempiternos aditivos demagógicos fuera de la realidad actual, o en anticipados repartos del pastel que aún no se ha horneado.

Se acerca el momento de exigir que la ciudadanía deje de ser, gracias a la estadística electoral, un segmento de preferencias, sempiternamente bombardeada con artilugios publicitarios, antes que discutir con ella y junto a ella, a fondo y con responsabilidad, los problemas y las propuestas para acometerlos.
Ahora, como nunca antes, se necesitan esos seres tan especiales que saben hacer política, esos indispensables amigos que tienen algo más que un paquete provisional con fines electorales y, sobre todo, que cuenten con autoridad moral para encabezar el esfuerzo conjunto para darle la pelea sin descanso a este régimen forajido, destructor de familias y del futuro de millones de jóvenes que se ven obligados a esa desgraciada diáspora.

Líderes que enfrenten con firmeza este marasmo, este colapso indetenible, que aterroriza y desgata la salud mental de toda nuestra nación, para que cada familia venezolana pueda realizar una vida de absoluta normalidad, que pueda acostarse y conciliar el sueño sin temor y sin la inseguridad de si alguno de los miembros de la familia faltará al amanecer; para solventar la añeja e interminable deuda en salud, pero ahora elevada a la enésima potencia; en fin esos seres especiales que habrán de comprometerse responsablemente en entregar a sus hijos el país que recibieron de sus padres.
En resumen, se requieren hombres de trabajo y experiencia, respaldados por un equipo tenaz e indoblegable, y que estén en permanente contacto con la sociedad.

Llegó el momento de exigir a todos los integrantes de los partidos que conforman la oposición unida y articulada, que sean capaces de tener el coraje y la valentía de sentarse a conversar y lograr el ineludible acuerdo que le garantice a toda la ciudadanía los impostergables e ineludibles cambios; de exigir a esos individuos que políticamente se han enfrentado y que mantienen una divergencia de visión y de proyectos, que encuentren puntos de convergencia a favor de los intereses superiores de nuestro país.




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