Lo que está pasando en Venezuela genera un dolor inmenso en todas las personas de buena voluntad e informadas del mundo entero. Ver cómo un pueblo inerme se rebela, sin armas, contra una dictadura que usurpa la democracia y el socialismo  convirtiendo al país en un sembrado de hambre, miseria y represión  donde callar es, cuando menos, complicidad con los tiranos que asolan la patria de Bolívar.

La comunidad internacional que calla ante lo que pasa en Venezuela le hace el juego al actual régimen y su grupo que, además de sepultar la democracia reconocida en la Constitución chavista y bolivariana, reprime alevosamente al pueblo que desea un gran viraje en las fracasadas estrategias impuestas.

Lo que ha pasado en las dos últimas décadas en Venezuela es totalmente sorprendente e incomprensible. Este régimen ha tenido el ingreso petrolero más alto en toda la historia republicana. Entre 1999 y 2017, Venezuela ha recibido US$ 960.589 millones. Un promedio de US$ 56.500 millones anuales durante 17 años. Y la gestión de este régimen transformó los escenarios venezolanos de una bonanza petrolera a una super crisis social, económica, política y hasta personal. Además que todos los poderes son dirigidos y controlados por el máximo jerarca.

¿Cómo es posible solidarizarse con un gobierno dictatorial que pretende imponer una nueva constitución de corte neofascista que busca eliminar la participación de la oposición en los contextos políticos nacionales?

Desde la implementación del socialismo del siglo XXI hay quienes siguen creyendo que “lo revolucionario, lo justo, lo socialista” es estatalizar la propiedad y las finanzas además de generar políticas igualitaristas y burocráticas que han terminado destruyendo la economía y el entramado social, endeudando al país y generando pobreza, emigración, corrupción y destrucción de los principios y de los valores humanos, destrozando la ética y la moral ciudadana. Y la eliminación total de la verdadera separación de los poderes públicos, condicionándolos a la voluntad del dictador; entonces, según lo planteado por Locke y Montesquieu ¡lo que hay en Venezuela ya no es una democracia..!, pues ambos pensadores promulgaron que la separación de los poderes es la garantía del sistema democrático: así de sencillo.

Por todos estos sucesos inimaginables, la gran mayoría de los venezolanos, además de sentirse frustrados, también se sienten víctimas. Sin lugar a dudas que por estos eventos (entiéndase: suceso inimaginable) ha habido un proceso de victimización de parte del régimen hacia el soberano.

El concepto de victimización se hace presente a partir de la idea de víctima y de victimario. Se puede comenzar definiendo a la víctima como una persona que sufre el ataque o la desidia de otra persona. La víctima puede ser un(@) perjudicad@ del maltrato físico, del maltrato verbal, del maltrato psicológico y del maltrato político.

La victimización es un concepto que implica algún grado de exageración de la condición de víctima que una persona determina sobre sí misma, aún en situaciones que no suponen necesariamente esa condición. Si bien el término siempre supone la idea de un victimario que ocasiona un perjuicio y de una víctima que sufre la agresión, para la psicología la victimización es un estado de salud mental a partir del cual la persona se posiciona a sí misma como víctima. Este proceso ha sido gestionado por este régimen con mucho éxito, gracias a la insana ayuda y capacitación tanto rusa, como cubana.

Esto ha traído como consecuencia que mucha gente se siente que han perdido su capacidad de pensar libremente y por consecuencia de las estrategas dictatoriales que han sabido controlar la manera de pensar de la gran mayoría de los venezolanos, por eso: se sienten víctimas. Gracias a la cantidad exagerada de mensajes subliminales comunicacionales para el control de los procesos intelectuales de los venezolanos se puede observar el comportamiento victimario y, casualmente, se debe implementar un estilo actitudinal totalmente desvictimizante.

Este proceso de comportamiento desvictimizante comienza por empezar a pensar en modo positivo -eliminando todo pensamiento negativo, frustante y de reconcomio-. El pensamiento positivo y el desarrollo de una actitud positiva son dos de las cualidades más importantes que se debe tener para alcanzar los objetivos deseados, las metas anheladas y cambiar tu vida.

Cuando se piensa en lo que se quiere, seguramente también se hablará de lo que se hará para conseguirlo. Esto naturalmente provocará que las personas se sientan más felices y con un mayor control de su vida. ¿Por qué pasa esto? porque mientras se piensa en algo que hace feliz, el cerebro libera endorfinas que se encargan de producir una sensación de bienestar. Se producen emociones positivas y -como resultado- se obtiene un comportamiento positivo.

Una mente positiva aumenta las oportunidades de éxito en todas las áreas de la vida. ¡Así es! Asumir una actitud positiva frente a las adversidades del mundo hará más feliz a las personas que eliminen la victimización. Y esta realidad no es algo que haya sido inventado por una persona en particular. Existen evidencias científicas de que tener una mente positiva reduce los niveles de estrés y mejora la salud significativamente.

Ana Pazos, experta en “Life Coaching” recomienda las siguientes siete estrategias indispensables para siempre tener una mente y pensamientos positivos: 1.- siempre use palabras positivas; 2.- enfocarse siempre en el momento presente; 3.- aceptar que no todo es perfecto; 4.- convivir con personas positivas; 5.- participación en trabajos sociales comunitarios; 6.- ser siempre una persona agradecida y 7.- meditar; por cuanto esta técnica siempre produce pensamientos positivos.

En relación con la implementación de un comportamiento desvictimizante, se agrega un párrafo del último escrito del periodista César Miguel Rondón, el cual tiene mucha pertinencia con la idea central de este espacio: “Pero mientras más pronto pasemos la página de la tristeza y el desconsuelo, mejor y, así, nos reincorporaremos a seguir en rebeldía en contra de esta revolución que nos lleva por la senda de la miseria”.

A la luz de las últimas realidades producidas en los escenarios venezolanos por actores y actrices, en Venezuela no hay una lucha entre la izquierda y la derecha porque en la oposición hay mucha gente de la izquierda tradicional y en el Gobierno hay mucha gente que ha demostrado defender y responder a políticas de derecha. Por eso en Venezuela la izquierda no lucha contra la derecha, ni lucha el socialismo -que no existe- contra el capitalismo: la lucha es entre democracia y dictadura, siendo provechoso recordar que “dictadura” es un régimen político en el que una sola persona gobierna con poder total, sin someterse a ningún tipo de limitaciones y con la facultad de promulgar y modificar la constitución, las leyes, las reglas y las normas a su voluntad, por sí mismo y/o a través de entes que le acompañan en sus acciones.

 




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