El 10 de enero de 2019 será una fecha llena de expectativas para los venezolanos. Del mismo modo para la mayoría de los países de nuestro continente y buena parte de Europa. Será de una importancia nacional como la celebración y espera de la Noche Buena o el día de La Chinita, pero, por supuesto, de mayor trascendencia.

Coincidente con lo planteado  sobre el particular por el Bloque Constitucional de Venezuela para esa fecha está previsto el inicio de un nuevo periodo constitucional de presidente de la República de Venezuela. Resultado de aquel proceso electoral del 20 de mayo pasado constitucionalmente ilegítimo y fraudulentamente ordenado por una entidad espuria como es la Asamblea Nacional Constituyente. En pocas palabras,  hasta la presente fecha no se han realizado las elecciones para Presidente de la República en los términos establecidos en la Constitución de la República.

Hasta aquí un breve paseo sobre lo que simboliza la parte jurídica del acto del próximo mes de enero. Ahora, veamos la no menos importante referencia en los terrenos fangosos de la política. Como es común hoy día, no hay mayores esperanzas entre los venezolanos de que algo buena suceda entre nosotros. Igual sube y baja esa intensidad más allá de nuestros límites sobre lo que pueda ocurrir los primeros días del año 2019 y que pudiera estremecer las bases de sustentación del régimen. La sociedad civil está harta de sufrir uno tras otro desencanto por lo tanto se encapsula para no sufrir un despecho más.

Sin embargo, entiéndase bien, ello no significa que esta sociedad tan maltratada por el régimen haya roto sus relaciones con el sueño de despertar de esta pesadilla. Sus padecimientos se acrecentarán, no es ningún secreto que la crisis se agravará día tras día, pero la lucha no cesa aunque no lo parezca. Mientras esto no deje de ocurrir, y no dejará de ocurrir, el régimen contará con el inestable anclaje de las armas de la Fuerza Armada Nacional. Históricamente estas defensas no han sido garantías de solidaridades irreflexivas. Obedecen ordinariamente a prebendas; al control de inteligencia cumplida por unidades específicas dentro de la FAN y de contrainteligencia para evitar cualquier acto de sabotaje o activad subversiva.

La otra parte corresponde a la función de la oposición tantas veces errada, embrollada y otras tantas arbitrariamente maltratada y brutalmente juzgada por los  propios disidentes del régimen. Lo cierto es que la desunión de la oposición, la unión de nuestro tormento, como dijera tiempo atrás José Ignacio Cabrújas refiriéndose a su partido MAS, ha sido la causante de que el régimen siga ocupando los espacios de Miraflores. Lo acontecido, por ejemplo, en las elecciones estudiantiles de la Universidad de Carabobo la semana pasada es un buen ejemplo. Más de veinte grupos opositores se pusieron de acuerdo y escogieron una plancha única que produjo como consecuencia una rotunda victoria con 85 % de los votos a favor de los bachilleres democráticos.

En conclusión, están ocurriendo muchos hechos: la cacería internacional contra los corruptos del oficialismo. El nuevo gobierno brasileño empieza desde ya a empujar. El Congreso del Frente Amplio Nacional para los próximos días despierta nuevos alientos. Todos estos elementos convocan a la unidad para que el 10 de enero del año por venir dispongamos de suficiente músculo para frenar la toma de posesión ilegitima de un nuevo periodo inconstitucional de Nicolás Maduro Moros.

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