Diseñador español Alejandro Gómez Palomo (Foto Cortesía)

Un temblor recorre la moda, como si la COVID-19 hubiese sacudido sus cimientos. Cada vez son más las marcas independientes que buscan salirse de un sistema que aseguran las ahoga económicamente, en una carrera imposible con las grandes firmas.

De prisa y corriendo y trabajando con los recursos a mano. Así se encuentra el diseñador español Alejandro Gómez Palomo días antes de la presentación de su última colección en la Semana de la Moda masculina de París, la primera digital debido a la pandemia, que dificulta desde la compra de tejidos hasta el trabajo en equipo.

Pero el fundador de la joven firma Palomo Spain admite que no está en absoluto descontento con la idea de limitarse a grabar un video en Madrid y colgarlo en línea el 13 de julio, fecha de su desfile, en vez de organizar un pase en la capital de la moda como viene haciendo desde 2018.

No es fácil hacer un video, pero el ritmo de desfiles nos sometía a una presión tremenda, afirma a la AFP uno de los diseñadores españoles más en boga. “Necesitábamos este descanso”.

¿Rentables?

Palomo sale del desconfinamiento con serias dudas sobre si mantenerse en el calendario oficial de París, pese a la devoción que siente por los desfiles.

Te pasas el día buscando el sitio, pidiendo presupuestos, la gente quejándose de si la has puesto en primera fila o segunda… Al final, te das cuenta del gasto que representa y de que no repercute necesariamente en las ventas. Es diferente para las marcas con millones de euros que pueden permitírselo, comenta.

Su reflexión tiene amplia resonancia. Algunos decidieron incluso poner punto y final a los desfiles, como el colombiano Esteban Cortázar y el brasileño Francisco Terra, al frente de su firma Neith Nyer.

Cortázar, el niño prodigio que debutó con 17 años en la pasarela de Nueva York, se siente harto.

Es tan snob y tan dura la presión sobre los jóvenes diseñadores que compiten con las grandes marcas: un día estás dentro y al siguiente, fuera, explica.

Muchos tratan de mantener la percepción de que todo está bien, pero uno se está comiendo el capital que no tiene, afirma Cortázar, para quien la pandemia le reconfortó en su decisión de abandonar los desfiles el año pasado.

No es el momento de deslumbrar. Para qué correr el riesgo de producir cosas carísimas que no se van a vender, insiste este diseñador volcado en un proyecto para crear empleo en su país.

Su consejo a los jóvenes debutantes: “Que inviertan en su propio e-comercio y vendan directamente al consumidor. Que cuenten su historia sin depender del juicio de los demás”.

Adiós a la presión

Terra, basado en París como Cortázar, se muestra todavía más agresivo con el sistema.

Ya no puedo soportar esta industria basada en los abusos y el consumismo, que progresa a base de destruir el medio ambiente y perpetúa la injusticia racial y de género, escribió a finales de junio al anunciar que se despedía de la presión y las temporadas.

Para estas marcas, aliarse puede representar una salida y durante el confinamiento, un momento de reflexión para muchos, surgieron dos coaliciones para reclamar cambios profundos en la industria.

Promovido por los diseñadores belga Dries Van Noten y francesa Marine Serre, un manifiesto firmado por centenares de actores del sector llamó a volver la moda más sostenible, vendiendo por ejemplo las colecciones en sus respectivas temporadas y no meses antes como ahora, y a repensar el calendario de los desfiles.

Hay demasiadas Semanas de la Moda en el mundo. Quizás una bastaría, propuso Serre.

Hora de ralentizar

Es hora de ralentizar, clamó por su parte la coalición Rewiring Fashion, cuyos 2 mil firmantes, entre estos las marcas Altuzarra, Y/Project e Isabel Marant, critican un sistema que socava la creatividad y no sirve a los intereses de nadie: ni de diseñadores, vendedores, clientes, ni siquiera del planeta.

Este movimiento no ha sido completamente ignorado por las grandes firmas. Gucci por ejemplo anunció durante la pandemia que solo presentaría dos colecciones al año y Saint Laurent se retiró de los desfiles oficiales de 2020.

Pero para Cortázar, se trata de anuncios de efecto. “Estas marcas tienen el poder de transformar las cosas, de crear más comunidad, pero ¿qué están haciendo realmente por las pequeñas firmas?”, afirma el diseñador, que confía más en un cambio desde abajo.




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