Foto: @atptour

Pocos jugadores han progresado tanto sobre pista rápida como el austríaco Dominic Thiem, que con una victoria sobre el cinco veces ganador del torneo, el serbio Novak Djokovic, por 6-7 (5), 6-3 y 7-6 (5), logró clasificarse por primera vez para la penúltima ronda de las Finales ATP que se disputan en Londres.

Thiem, verdugo del suizo Roger Federer, es el primero en lograr las semifinales este año, y se ha convertido en el primer austríaco en conseguirlo, desde que el torneo añadió esa ronda en 1972.

De paso también ha hecho un favor al español Rafael Nadal, ya que de haber ganado esta noche Djokovic, el serbio se hubiera ido a dormir a tan solo 240 puntos del número uno, objetivo final de la temporada. Ahora no puede descuidarse y sumar victoria por cada encuentro.

El resultado también deja fuera de la lucha por las semifinales al italiano Matteo Berrettini, que antes perdió con Federer, por 7-6 (2) y 6-3. Quedando el otro puesto del grupo Bjorn Borg para el ganador del duelo Djokovic-Federer del jueves.

El majestuoso revés a una mano de Thiem destrozó esta noche la coriácea defensa de Djokovic, que se había impuesto en estas mismas pistas hace tres años, también en la primera fase. El austríaco posee en ese arma un auténtico misil, y más destructivo aún en este tipo de pistas.

“Este año la cancha está bastante rápida. Y hay algunas ventajas para mí en canchas así. Me encanta golpear mi revés cómodamente, y no es bueno para mí golpearlo en arcilla o en una cancha dura más lenta si rebota demasiado alto. En canchas como las de esta semana es más efectivo mi revés porque la pelota rebota bajo”, dijo Thiem tras vencer a Federer.

Thiem ha demostrado que desde que tiene al chileno Nicolás Massu en su equipo ha mejorado notablemente en pista rápida. De hecho, en esta temporada ha ganado más torneos en esta superficie (tres), Indian Wells, Pekín y Viena, que sobre tierra batida (dos), Barcelona y Kitzbuhel, su hábitat natural, y tiene más victorias sobre rápida (25), que sobre lenta (23).

Djokovic se vio superado mentalmente también, e incluso físicamente por el austríaco, que logró la rotura definitiva en el undécimo juego del tercer set, y contagió al público con sus eléctricos mandobles de revés, y especialmente sus tiros ganadores, 50 en total, aunque cometió 44 errores no forzados.

Thiem sacó para ganar con 6-5 pero ahí sus fallos le condenaron al desempate tras estar a tan solo tres puntos de la victoria. Luego en ese juego corto final, su precipitación contrastó con la calma de Djokovic, que puño en alto celebró un parcial de 3-0.

Pero de nuevo el riesgo del austríaco surtió efecto, y remontó, para liquidar a Djokovic, su verdugo hace tres años en esta misma pista, en dos horas y 47 minutos.




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