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Es difícil proponer alguna reflexión optimista en estos días, sin caer en frases gastadas, es difícil encontrar las palabras adecuadas y originales, trataré de ser lo más objetivo posible ante el avatar que nos corresponde vivir en el año que recién comienza. 2017 será el año del desenfreno de la ambición y la codicia política, vicios políticos que se exhiben como si fuera una virtud, los aspirantes a definir la política en ambos lados, no han entendido que el codicioso de poder es tan rechazado como un delincuente común. La democracia difícilmente puede florecer en sociedades donde el poder político, social y económico se concentra y centraliza progresivamente y las fuerzas opositoras demuestran una carencia de liderazgo y formación moral.

Ni el régimen ni los mal llamados líderes o dirigentes políticos representan al pueblo ni al país

La crisis de decadencia se manifiesta en un hecho cierto: ni el régimen ni los mal llamados líderes o dirigentes políticos representan al pueblo ni al país. No tiene ningún, como se llame: proyecto de país, visión de país, etc, que signifique intención de hacer algo político y moralmente bueno para el desarrollo sustentable y el diálogo constructivo, no representan ninguna esperanza, el régimen es un cobarde “Tigre de Papel” que pretende alargar su agonía gubernamental, toda la acción política, oficialista y opositora, levanta podridas y vetustas banderas populistas, dentro de un pragmatismo sin otro ideal que la soberbia ambición de poder, ya no tienen nada nuevo que ofrecer, sólo trata de adormecer mediáticamente a las masas en pro de sus propios intereses y los de su devastadora y corrupta facción. Se muestran arrogantes y chantajistas en defensa de su pragmatismo y en ocultamiento de la crisis general que nos carcome. En fin, el gobierno sólo busca subsistir electoralmente o a la fuerza bruta y los radicales opositores luchan entre ellos por alcanzar el poder sin nada que ofrecer.

La crisis de decadencia es una manifestación objetiva y comprobable dentro de los indicadores de nuestra realidad, ante tal situación, la responsabilidad política de hoy, a mi entender, recae sobre todos los que tenemos sentimientos democráticos y luchamos por rescatar nuestro país de las garras dela decadencia, oficialista y opositora, de su vacío doctrinario y programático y un alto índice de codicia política. La crisis de decadencia hará estragos en 2017 cuando se llegue a la decadencia absoluta con una aberrante anarquía, vacío de poder y violencia sin límites, lo que sucederá a escasos meses del nuevo año.

La crisis de decadencia política que vivimos, es el resultado de la degeneración de las instituciones fundamentales del país, especialmente de los partidos políticos y sus dueños, pero los venezolanos apostamos a la esperanza de salir de esa decadente crisis para retomar el desarrollo sustentable que conlleve a la gobernabilidad, a la democracia; tenemos derecho a abrir otro horizonte para ejercer la política y ese, creo que no será, si se proponen los nuevos liderazgos, la necesaria unidad se logra demostrando desprendimiento personal, capacidad efectiva de adhesión y motivación a la ciudadanía, credibilidad y confianza, evitando la incertidumbre, la mezquindad y la hipocresía. La ambición política suele hacer traidores.

 




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