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“¿Qué diferencia hay entre las FARC y Al Qaida?”. (Foto Archivo)

AFP

El ataque a Charlie Hebdo ha revivido en Colombia un viejo pero aún explosivo debate sobre la relación entre la red islamista Al Qaida y la guerrilla comunista FARC, actualmente en pleno proceso de paz con el gobierno de Juan Manuel Santos.

Surgidas en el mayor productor de cocaína del mundo y activas desde el levantamiento campesino que las originó en 1964, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) son acusadas desde hace años de usar a Al Qaida para proveer de drogas a Europa y abastecerse de armas.

El mortal atentado contra el semanario francés, reivindicado por Al Qaida en la Península Arábiga (AQPA), ha encendido las críticas contra las negociaciones con las FARC, iniciadas hace dos años por Santos.

“¿Qué diferencia hay entre las FARC y Al Qaida?”, suele decir el expresidente Álvaro Uribe (2002-2010). Feroz opositor de las conversaciones de paz, el predecesor de Santos afirma ahora, sin citar fuentes, que los rebeldes tienen “50 misiles tierra aire (…) luego que los negociaran por droga con iraníes de Al Qaida”.

Aunque un poco más moderado, otro exjefe de Estado, Andrés Pastrana (1998-2002), también llamó a Santos a pedir “claridad a las FARC sobre sus socios de Al Qaida”, en un mensaje en Twitter, donde muchos usuarios colombianos utilizan la expresión francesa #JeSuisColombie junto a #JeSuisCharlie.

“Eso es oportunismo político. Nunca se aportaron pruebas de una alianza duradera entre esos grupos”, dijo a la AFP César Páez, profesor de relaciones internacionales en la Universidad Externado de Bogotá.

“Puede haber habido una transacción comercial y puntual, pero no más”, señaló este experto en narcotráfico.

– Ninguna “alianza ideológica” –

La posición de las FARC a favor de la causa palestina, en la tradición de la izquierda latinoamericana, nunca se tradujo en una “alianza ideológica” con Al Qaida, subrayó Páez, destacando el contraste entre el “ateísmo marxista-leninista” de la guerrilla colombiana y el “fundamentalismo religioso” del grupo islamista.

La controversia en torno a un supuesto pacto entre ambos se remonta a 2013, después de la detención de dos colombianos y tres presuntos militantes salafistas de Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI) en Argelia.

Un informe de la policía, revelado entonces por el periódico marroquí Al Massae, advertía “de la intención de las FARC de transformar el desierto del Sahara” en “un centro del tráfico de drogas duras hacia Europa”.

Tras este caso, varios medios de comunicación, como la radio española Cadena Ser, divulgaron información según la cual los rebeldes colombianos compraban armas tomadas del arsenal dejado tras la caída del régimen de Muamar Gadafi en Libia.

Las FARC, que niegan oficialmente cualquier implicación en el tráfico de drogas, dispondrían de medios significativos para abastecerse de armas, según un estudio publicado el pasado noviembre en la edición israelí de Forbes, que los clasifica como la “tercera organización terrorista más rica en el mundo”, con ingresos anuales de 600 millones de dólares, después del grupo yihadista Estado Islámico y de Hamas.

Investigador del centro de estudios colombiano Nuevo Arco Iris, Ariel Ávila explica que el tráfico de drogas por armas tuvo su primer auge en los años 1990 vía la costa del Pacífico y las pandillas latinoamericanas, y luego a través de Venezuela, donde están escondidos muchos rebeldes cerca de la frontera con Colombia.

Este especialista en la guerrilla no excluyó la posibilidad de una filial en el norte de África, pero subrayó que las FARC no tienen “lazos directos con Al Qaida”.

Los colombianos detenidos en Argelia son, según él, “intermediaros entre estructruras de trafico de armas y las FARC”. “Obviamente conocen a las FARC, obviamente han trabajado para las FARC, pero no son de las FARC”, insistió.

El hecho de que los combatientes de las FARC hayan ido a campos de entrenamiento en Libia en los años 1980, en la época de la “revolución verde pero secular” de Gadafi, puede “contribuir al mito” de un vínculo entre la guerrilla y esa región, añadió Ávila.




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