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La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, acaba de terminar una exitosa gira por Europa. (Foto EFE)

EFE

Fuera de las fronteras de Venezuela el “maestro” Gustavo Dudamel es una reconocida figura de la música sinfónica, es la personalidad que ha dado a conocer al mundo la existencia del ambicioso Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles, “El Sistema”.

Acaba de terminar una exitosa gira por Europa al frente de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, un periplo del que Efe fue testigo y pudo ver de cerca la metódica rutina a la que se somete el maestro para conducir magistralmente a la agrupación.

Cuando los atrileros aún no han descargado los instrumentos y ni un solo violín está fuera de su cofre, sus dedos tocan al aire una tonada imaginaria. Gustavo Dudamel, aunque no ha empezado el ensayo, ya tiene la música en su cabeza y el agitar de sus rizos parece dirigir la orquesta.

Luego de tres décadas, su padre, Oscar Dudamel, recuerda con detalle al niño de tres años que ordenaba minucioso sus muñecos en semicírculo para dirigir una orquesta de juguete mientras la aguja del tocadiscos hacia sonar el acetato, empezando a diluir su primer instinto de ser sacerdote.

“El se iba a la escuela y le decía a su abuela que no le desordenara a sus muñecos porque al volver iba a seguir jugando a dirigirlos”, contó a Efe el padre del director.

Formado dentro de El Sistema, quijotesco proyecto del venezolano José Antonio Abreu, el maestro Dudamel es el estandarte de un programa que funciona en el país suramericano y que ha rescatado a centenares de niños en riesgo de exclusión social a través de la música.

Desistió de tocar trombón, como su padre, porque los brazos del pequeño músico resultaron muy cortos, pero un diminuto violín del Sistema, hecho para niños, le dio un lugar, un atril y una partitura en el mundo de la música.

Una tarde de hace ya muchos años, en medio de retraso del director para un ensayo, el joven violinista decidió hacer lo que ya antes había hecho con sus juguetes, dirigir la orquesta.

“Yo no había estudiado, sólo pensé: ‘Puedo hacer esto’, y fue divertido, porque mis amigos estaban allí, tocando. Y todos se rieron, pero en cinco minutos todo cambió, todos pensaban, okey, es hora de trabajar”, recuerda Dudamel en su biografía.

“Entonces, el director se acercó y dijo: ‘Ah, usted es muy bueno! dirigirá este concierto”, recuerda su padre de ese día.

Sus pasos certeros le llevaron a ganar en Bamberg, la edición inaugural de la Competencia de Dirección Orquestal de Gustav Mahler, en 2004. Un año después fue el ganador de la primera edición del Anillo de Beethoven, un premio creado la Sociedad de Amigos del Festival Internacional Beethoven Bonn, también en Alemania.

El mundo de la música clásica recibió la noticia: con el desconocido venezolano había nacido la promesa de una nueva batuta.

A sus 34 años, el carismático hijo de un trombonista y la cantante de música latina Solange Ramírez, se ha convertido en uno de los directores más requeridos por las orquestas y los teatros del mundo y es la imagen de una batuta que promete revolucionar al mundo de la música clásica.

Su dirección rompe con el cliché de un riguroso y sofisticado director, pues este es un hombre joven que cuando ensaya con la orquesta Sinfónica de Venezuela Simón Bolívar, parece sumergido en un mundo lúdico y de historietas.

“Imagínense que viene caminando un señor gordo y que sus pasos son pesados”, dice el maestro a los músicos de la orquesta para que imaginen como deberían ser los sonidos que espera lograr, para luego solfear un bom bom bom.

“No dejen que a la señora se le ponga fofo (flojo) el trasero”, dice luego para otra línea de músicos en la orquesta que dirige como titular junto a los mismos músicos desde los 15 años y por la que no acepta honorarios.

En medio de la vorágine de violencia que vive Venezuela, Dudamel y la Simón Bolívar, que dirige en paralelo a la Filarmónica de Los Ángeles (EE.UU.), se han convertido en una embajada itinerante de la paz y la esperanza del cambio en la música clásica.

La ejecución de los jóvenes venezolano bajo la batuta del maestro ha inspirado a niños de zonas populares a pensar en Beethoven y Mahler.

Dudamel y la orquesta, han roto los protocolos de la música clásica. El maestro, que a primera vista parece diminuto ante la inmensidad de los sonidos de la sinfónica, en el podio agita la varita como un hechicero, y la electricidad de su batuta hace que sus músicos parezcan posesos.




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