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Yabar, de 48 años de edad, vive en la región de Al Falay. (Foto Archivo)

EFE

Abu Falah Yabar posee el extraño pero provechoso talento de rastrear huellas en el desierto, lo que ha llevado a la policía saudí a contratarle como “rastreador” para resolver misteriosos delitos o atrapar fugitivos.

Yabar, de 48 años de edad, vive en la región de Al Falay, a 300 kilómetros al sur de Riad, y a partir de ahora será el nuevo “Sherlock Holmes” saudí que trabajará al servicio de las autoridades locales a tiempo completo para averiguar viejos misterios.

En una conversación con Efe, Yabar explica que descubrió lo que era capaz de hacer siendo aún un adolescente. “De pequeño, tuve una especie de intuición de que podía seguir las marcas que dejaban los seres humanos y los animales al pasar”, recuerda.

Son famosas las leyendas en Arabia Saudí sobre la supuesta capacidad de los antiguos árabes para resolver problemas, capturar delincuentes o cazar animales a través del rastreo de la naturaleza.

La tribu de Al Murra es conocida por sus rastreadores, aunque Yabar -que no pertenece a ese clan- niega tener esa habilidad como parte de la herencia de sus predecesores. “Nadie de mi familia tenía esa aptitud y mi relación con gente de la tribu de Al Murra me ha ayudado a desarrollarla”, afirma.

Yabar lleva veintisiete años trabajando puntualmente para la policía en Al Falay y describe esta práctica como una “pasión por el medio ambiente y la capacidad de memorizar todos los detalles para utilizarlos en caso de emergencia”.

En muchas ocasiones, los rastreadores son acusados de trabajar con el diablo, una cuestión que Yabar considera “cómica”, porque -dice- la gente se ha acostumbrado a explicarlo todo con argumentos anormales.

“Si fuera cosa del diablo, rastrear las huellas ya habría sido prohibido por el islam”, advierte.

Según cuenta la leyenda, los enemigos de Mahoma utilizaron a un famoso rastreador para seguir las huellas del profeta durante su huida de La Meca hacia Medina y llegaron a localizarlo, pero no le hicieron daño “porque Dios lo protegió”.

Para determinar la criminalidad de una persona, por ejemplo, se fija en muchos otros factores, como la hierba pegada en los zapatos del sospechoso, la arena en su ropa o el agua que ha bebido durante su fuga.

Yabar considera que, pese a la tecnología moderna, se siguen necesitando rastreadores: “Muchas comisarías de Arabia Saudí requieren aún los servicios de estas personas, que les ayudan a llegar a la escena del crimen”.

El ministro saudí del Interior, el príncipe Mohamed Bin Nayef, entregó el pasado abril una recompensa económica de 2.666 dólares a un rastreador que había ayudado a resolver el misterio de un complejo delito al cabo de los meses.




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