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Los anaqueles de Mercal en el estado lucen vacíos. (Foto Andrews Abreu)

Dayrí Blanco | [email protected]

El desabastecimiento no da tregua. Es un fenómeno nacional que no distingue entre pensamientos políticos. Todos los sectores se han visto afectados. La empresa privada ha resultado fuertemente golpeada. Pero la pública también. No hay Mercal en la región con los anaqueles llenos. La escasez es protagonista en cada uno de estos establecimientos.

Los usuarios pasan la noche en sus puertas. Solo los primeros 100 reciben número para ser atendidos. Pero nada de eso les garantiza que saldrán con las manos cargadas de bolsas de compras. Los productos de la cesta básica llegan con intermitencia.

Al entrar a cualquiera de estos negocios, en Valencia, San Diego, Los Guayos y Naguanagua, el personal de forma amable indica quienes pueden comprar de acuerdo a la programación por terminal de la cédula de identidad. A las 7 a.m. se abre al público y se vende la mercancía más demandada como margarina, azúcar, café, leche, pollo y carne a quienes amanecen en la cola. Por lo general no todos esos productos están disponibles en un mismo día y se ofrecen en combo con otros de menor salida.

Quienes llegan pasadas las 9 a.m. no deben hacer largas filas. Entran pero se encuentran con exhibiciones que solo muestran mezclas para preparar bebidas achocolatadas y chichas, cereales, galletas, caramelos, gelatinas, y mermeladas.

En algunos se cuenta con una mínima disponibilidad de condimentos, papelón, harina de maíz, arroz, aceite y pasta. Las neveras están totalmente desabastecidas. No hay pollo, carne, jugo, leche, ni las piezas de mortadela que tanto se vendían en estos establecimientos. Algunos de estos equipos están apagados, fuera de servicio. No hay nada que refrigerar.

“Aquí no hay nada”, expresó una señora al pasearse por los pasillos del Mercal de Las Agüitas. En el de Naguanagua, muchos entraban con la intención de adquirir azúcar, pero ese es un producto que no es despachado en el lugar desde hace más de una semana. “¿Y leche?”, preguntó un señor en la entrada del que está en el sector Campo Solo de San Diego, una de las encargadas le soltó una sonrisa que matizó su comentario “si hubiera leche usted vería una cola afuera”.

En Bicentenario la historia de anaqueles y neveras vacías es la misma. En los dos supermercados de la red pública de Valencia las compras se hacen con el desabastecimiento resaltado. Los clientes entran después de una larga cola, son dirigidos por personal de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) hacía un área habilitada para la entrega de productos básicos y pasan directamente a las cajas. Los pasillos no tienen nada. La zona de fruta y hortalizas también está vacía.

Y para comprar en cualquiera de los puntos de Pdval instalados en la región la espera prolongada parece ser la norma. Jonathan Alvarado llegó a las puertas del ubicado dentro de la empresa expropiada Rialca a las 8 p.m. del martes para poder comprar junto a su esposa el miércoles.

Así lograron adquirir café, harina de maíz, arroz, pasta y margarina. Pero a las 10 a.m. llegó el pollo. Así que tuvieron que hacer otra cola para lograr comprar cuatro piezas cada uno cerca de la 1 p.m.

Fallas en distribución causarían escasez de productos de limpieza

La escasez se agudiza. Conforme pasan los días su ausencia en los anaqueles es más evidente. Largas colas se forman cuando algún lote es despachado.

Los productos de limpieza tienen serias fallas de abastecimiento en los comercios de la región. Pero al parecer el problema no lo ha desatado la falta de asignación de divisas sino irregularidades en la cadena de distribución.

Las empresas productoras están trabajando al 100%, sin novedad alguna. Rafael Aponte, secretario de organización del sindicato de la planta de limpieza de empresas Polar así lo confirmó. Todo indica que el origen de la crisis es otro.




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