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Cuando el entonces presidente Caldera indultó a Hugo Chávez, encarcelado por ser uno de los conspiradores contra el orden constitucional aquél 4 de febrero de 1992, su primer viaje una vez puesto en libertad, fue a Cuba y en la “Isla cárcel” estrechó la mano del dictador, hoy difunto Fidel Castro.  “Siempre soñé este momento, mi comandante”, dijo Chávez a Castro. 
Bien sabia el líder venezolano que daba los primeros pasos para convertir esta tierra de libertades y de oportunidades en una colonia del castrismo, tanto más cuanto que, el sueño del barbudo ególatra era apoderarse de las riquezas de este suelo especialmente de los mayores yacimientos petrolíferos del mundo y lo logró; Chávez desde que alcanzó la presidencia comenzó regalando a la ex “Perla del Caribe” 155.000 barriles de crudo cada día, la isla consumía 60.000 barriles, el resto o sea 90.000 barriles los vendía la dictadura castrista en el llamado “mercado “spot”. Con los precios del hidrocarburo en aquellos días, y aun hoy, era una “ayuda” no despreciable.
Una vez asumido el cargo de presidente en 1999, Chávez recorría el mundo y cual “candil de la calle y oscuridad de la casa” repartió ¡cuatrocientos mil millones de dólares!, en aquel llamado “Tercer Mundo” que encabeza Cuba, mientras la Venezuela que lo vio nacer, cada día “vaciaba” la alcancía que le había permitido colocarse en el país más próspero de América Latina, con los mejores hospitales, con nuevas carreteras, con buenos edificios para sus centros educativos, nuevas Universidades se fundaban, unas del Estado, otras privadas, la inflación para Venezuela era un término económico desconocido, miles de inmigrantes de Europa y otros países de este Continente llegaban a nuestros puertos, trayendo progreso del que apenas queda algo todavía.
En fin, nuestro país iba dejando atrás el triste cognomento de “tercermundista” para ingresar a la legión de países desarrollados, Venezuela empezaba a producir hierro y lógicamente acero, se construyeron embalses de agua, que no solo servían para el regadío de las plantaciones de cereales, entre otros arroz y maíz, que antes importábamos, sino para que los acueductos urbanos surtieran del vital liquido a los centros poblados, las redes eléctricas mejoraban al amparo de esos embalses y aquellas viejas plantas que ponían en funcionamiento la luz, y los que escasamente alumbraban las ciudades y pueblos, fueron sustituidas por modernos métodos, hoy en decadencia y en su lugar padecemos de cotidianos apagones que ponen en peligro la ciudadanía, pues de esa oscuridad se vale el hampa para cometer sus crímenes.
Venezuela no solo comenzó a refinar su petróleo que antes tenia que importar ya depurado, de otros países.  Nuevas zonas industriales comenzaron a surgir, entre ellas la de nuestra ciudad de Valencia que ostentaba el titulo de “Ciudad Industrial de Venezuela”, sin dejar de hacerlo, Venezuela no solo importaba menos productos, sino que dejó de hacerlo en algunos rubros como el arroz y el maíz, productos fundamentales para la alimentación de humanos y animales.
Más tarde a la altisonante voz de ¡EXPROPIESE! comenzó a despojarse de sus bienes a cientos de industriales quienes habían  logrado fundar empresas y crear fuentes de trabajo, muchas a base de esfuerzo y sacrificios. Pero de pronto, como dice una popular melodía ¡Todo se derrumbó! Una suerte de “masoquismo político” se apoderó de quienes veían en el llamado “chavismo”, la salvación de Venezuela.
El masoquismo se define como el “disfrute erótico por las humillaciones de otra persona”, por alusión al novelista austriaco Sachar Masoch, quien narra escenas de aquellos o aquellas que gozan recibiendo golpes e insultos en lugar de halagos y caricias.  Así estamos en nuestro país con un retorno a la miseria como la que padecieron los venezolanos del siglo XIX y comienzos del XX, con una desmedida inflación, la más alta del mundo, con un hampa desatada cuando la gente dice: “sabemos cuando salimos, pero no sabemos si regresamos”, cuando la seguridad pasó a ser un vocablo “inseguro”, cuando el descrédito internacional nos perjudica a todos, cuando el ayer sagrado nombre de Bolívar ha pasado a ser un lema político, eso y nada más, nos preguntamos: ¿Acaso hay venezolanos que “gozan” con este perenne, constante sufrimiento que la inseguridad, la escasez y la inflación nos proporcionan? Cuesta, es difícil creer que este “masoquismo político” pueda “deleitar” a quienes les “satisface” vivir en los peores días que los venezolanos hayamos padecido; son tantos los defraudados por tantas promesas incumplidas que se sienten agobiados, que podrían fundar un “partido” cuyo nombre fuese “Los arrepentidos” y no seria temerario afirmar que ganarían las elecciones, si acaso se celebraran.
A la inseguridad habría que agregar la escasez, no solo alimentaria, sino la de los medicamentos y no solo los que se usan en simples “catarros”, sino los que son indispensables para ser empleados en intervenciones quirúrgicas, cuando mueren quienes los requieren porque los indispensables insumos para practicarlas no se encuentran o se encuentran con extrema dificultad y en este caso sus precios son inaccesibles para la mayoría.
Es paradójico que el ente con más dinero que es el Estado, no tenga hospitales adecuados para atender al verdadero dueño de esos centros asistenciales, que es el pueblo.  Con lemas y promesas demagógicas no pueden solucionarse tan graves problemas, entre otros la desnutrición que agobia especialmente a los niños que cada día mueren porque sus padres no pueden adquirir los alimentos que estos necesitan, problemas que tan poco se resuelven con la demagógica medida del periódico aumento de sueldos porque quienes deben pagarlos trasladan ese aumento al consumidor.  Solo es la ley de la oferta y la demanda la que puede solventar esa difícil situación, pero la incapacidad y la ignorancia no conocen de eso que se llama inflación, y si esa ignorancia se llama “socialismo” menos aun.
APOSTILLA: Dice el Dr. Enrique Tejera Paris, en su libro “Venezuela y el dios de los borrachos”: “La connivencia democrática parecía en 1999 (año cuando Chávez inició su mandato) cosa natural y orgánica.  Es hora de reconocer que el siglo XX, entre sus avances y retrocesos es el mejor balance en nuestra historia, particularmente entre 1936 y 1999.  Fue un siglo de realismo político.  En cambio hemos comenzado el siglo XXI regresando a nuestro infeliz comportamiento del siglo XIX: Predicando la utopía, estropeando lo ya logrado, proponiendo soluciones que corresponden a situaciones viejas de cien o más años y en pleito con potencias extranjeras.  El peligro de recaída es inocultable”. N.B.: No somos políticos, al único partido al que hemos pertenecido y seguimos perteneciendo se llama ¡VENEZUELA!, pero nunca olvidamos la frase del presidente Rómulo Betancourt, cuando dijo: “La Venezuela de hoy no es la Venezuela con petróleo, sino la Venezuela sin Malaria”.  Lo decimos porque hemos visto y oído por la T.V. que en los estados del Sur de Venezuela hay una epidemia de Paludismo o Malaria que ha dejado más de sesenta victimas, esto quiere decir que hemos regresado a aquel país del siglo XIX y comienzos del XX, donde el anófeles dejó tantas victimas como las que cualquier guerra produce.



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