(Foto EFE)
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Eran las 9:30 p.m. del domingo cuando Abelardo Palacios comenzaba a despedir a los invitados a una reunión en su casa. Escuchó unos disparos y vio a su hijastro muerto.

Palacios, de 43 años, supervisor de seguridad en las tiendas Macuto, había dejado a Gabriel Guillen en el porche de la casa, en las invasiones Paraíso en Naguanagua.

Palencia terminaba de despedir a los últimos invitados, cuando escuchó las detonaciones y corrió a ver de donde provenían. En ese instante se encontró con la imagen de su hijastro en la silla de ruedas agonizando. Trató de defenderlo, pero el grupo de delincuentes lo asesinó a tiros.

Según fuentes policiales Palencia, a pesar de su condición como discapacitado, andaría en malos pasos, por lo que se presume que el hecho fue una venganza.




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